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marioojeda

Produciendo parte 5

Produciendo parte 5

 

Asi que las cosas son así nomás. Algunos no lo ven, ojo, del mismo modo que no todo el mundo tiene la suerte a los 16, 17 años, de tener claramente definido su futuro y saber mas o menos a que va a dedicarse en la vida.

Pero las cosas nunca ocurren porque sí. O, como decía el libre pensador Hugo Fernandez, chaqueño y amigo: “el sorete cae porque uno lo empuja haciendo fuerza, porque si fuera por la fuerza de la gravedad, ¡viviríamos todos cagados!...” Bueno, no es muy de salón que digamos, pero es verdad, al fin y al cabo.

Entonces, tenemos: canciones grabadas en un ordenador pedorro, en primera toma, sin correcciones, que se cuelgan a internet para su difusión, y que nadie escucha luego. ¡Porque esto es cierto tambien! Es decir: en el google está todo, si, ¡pero solo si uno entra a buscarlo! Los ordenadores –aún- no se encienden solos, no buscan cierta información por su propia cuenta, no eligen la música que uno va a escuchar, etc.etc. No. Responden a órdenes humanas. Es decir que, además de encenderlos, uno debe escribir en ellos lo que quiera buscar. Con la radio no ocurre eso, ¿ven?: se mete por su cuenta en todos lados. En el taxi, en el autobus, en la cocina del ama de casa, en las oficinas, en los supermercados, por la calle. Y esta es, ni más ni menos, la razón por la cual los espacios publicitarios radiales siguen costando dinero –y algunos espacios, mucho dinero- Entonces, para ser conocidos, un grupo musical debe invertir dinero en difusión radial. Ellos, o la compañía discográfica, o algún pariente con dinero, pero alguien tiene que invertir pasta. Pasó con Presley, pasó con Los Beatles (¿o acaso porque sino, aceptaron a Brian Epstein de mánager?). ¿O ustedes piensan que Shakira, o Juanes, o Luis Miguel, o Alejandro Sanz o cualquiera de ellos, suenan a todas horas por la radio? ¿Por qué les gusta mucho a los programadores radiales? No señor: porque pagan. Luego, los famosos “cuarenta principales” son, en realidad, “los cuarenta que mas pagan”. Y así, lamentablemente, la brecha entre los que juegan en primera división, y los que vienen empujando, cada vez se amplia mas.

Hay excepiones, claro está. A veces aparece algún producto que, aparentemente, o bien al menos, en un principio, se cuela por alguna extraña razón desde algún espacio impensado. Pasó por ejemplo, acá en españa, con Russian Red. La malagueña Lourdes Fernández, tal su nombre real, y a caballo de algunas canciones muy entradoras cantadas en ingles, sin contar con que la tía está buena, y metió uno o dos temas para sendas campañas publicitarios, de ropa o lo que sea, logró una cierta repercusión. Notas en revistas, varios reportajes, la santísima “Rolling Stone” y otras revistas que la nombran “revelación musical” del año…,  y no mucho mas. Es decir, si, la niña sigue girando, quizás –seguramente sea así-, vende discos en sus conciertos, ha hecho varias giras por el circuito español, quizás este sonando en Mexico o Argentina, no lo se –porque alguien puso dinero en ello-, pero… nada mas. Insisto: ser “indie” es ser ratón. Sos “indie” porque ninguna “major” te dio bola, no me vengas con cuentos. Y lo peor es que, como las discográficas cada vez van a peor, tienen menos dinero para invertir en publicidad. Entonces, insisto, la brecha entre los tipos conocidos o con 30 o 40 años de carrera –hablo de Serrat, de Aute, de Sabina, etc.-, a la hora de la verdad, son quienes se llevan el gato al agua.

Los otros, todos, juegan en segunda división. Quizás segunda preferencial, en algunos casos. El resto, en tercera. O tercera B, la mayoría. ¿Y? Y nada, que hay que seguir. Es decir, partamos de la base de que uno entra en este rollo porque le apetece, porque le gusta, porque necesita hacerlo. Aunque la mayoría de los grupos de adolescentes que se arman, muy en el fondo, lo que quieren es ser famosos y millonarios con la música, ser los próximos Beatles o Rolling Stones o quienes sean, la verdad es que eso solo puede ocurrir, excepcionalmente, en los Estados Unidos. ¿Por qué? Ya lo explique otras veces, pero no está de mas reiterarlo: porque son 300 milloones de habitantes, con poder adquisitivo, con un mismo idioma común, metidos en un aparato de consumo que los obliga, prácticamente, a consumir –pagando- lo que quieran tener, todo para mantener funcionando el “american way of life”. Y porque además, son muy inocentes. A ningún americano medio se le va a ocurrir, así porque sí, saltearse leyes que dicen “prohibido descargarse música por internet sin pagar”, por ejemplo. No. Los señores van y pagan sus descargas con “Pay Pay” o cualquier tarjeta de credito. Tengo un amiguete que trabaja en Canal Sur Andalucía, en Sevilla, Antonio Muñoz, quien además, conoce el negocio porque fue mánager de Carlos Cano. Hablábamos de esto con el hace unos días, y el mismo me lo confirmó. Como tiene una hermana viviendo en Los Angeles, cada tanto viaja a visitarla, y me decía: “mi hermana le regala a sus hijos 20 dólares por mes a cada uno, en un cupón de una tarjeta de credito, para que ellos mismos se armen sus discos, pagando un dólar por cada tema que descargan de internet… ¡andá decile eso a un latino! ¡Minga va a pagar por descargarse canciones, si las tiene gratis!...” Entonces, esta es la razón por la cual en USA aún se siguen vendiendo discos, incluso muchos grupos han aumentado sobre manera sus ediciones y ventas de vinilos, porque eso es lo que lleva ahora, ¿vieron? Los amplificadores de audio valvulares, de alta fidelidad, muy modernosos, eso sí, cromaditos, brillantes, pero son los mismos circuitos y válvulas que se usaban hace 30 o 40 años. Sólo que se las venden cambiada, pero es la misma historia.

Para decirlo en otras palabras: el rock, o la música popular en general, es ya parte del sistema de consumo. Ya ha sido adoptada por la inmensa mayoría. Ya se fabrican cosas “para”. Ya dejó de molestar a los padres. Y, como decía una vez Gene Simmons, el mítico bajista de los Kiss: “Si no molesta a tus padres, no es rock´n´roll…” Y no, man, ya no es. Ahora es otra cosa. Es como dijo Lennon cuando se separaron Los Beatles, hace ya cuarenta años: “El sueño acabó. Sólo que ahora tengo 30 años y el pelo un poco mas largo, pero eso es todo…”

Seguimos.

 

© Mario Ojeda, Granada, 27/7/2010

Produciendo parte 4

Produciendo parte 4

Bueno, a ver, dediquemosle un tiempo más a esta historia de la producción de un concierto. Meses atrás, me llama por telefono la tecnica de cultura de un ayuntamiento de un pueblo de Córdoba, y me dice: “Oímos hablar de Uds., quería que me pases un presupuesto para organización de un festival de cantautores…” Ok, le dije, cómo no. Te lo paso por mail, detallado y descriminando cada ítem. Así que eso hago: tanto de cachets de músicos, tanto de publicidad, tanto de sonido, tanto de luces, tanto de escenario, tanto de dietas, tanto de alojamiento… Me llama nuevamente y me dice: “Ah, no, nosotros no podemos pagar tanto. La verdad, es que en el presupuesto que teníamos pensado gastar, la idea era que lo usábamos en sonido, escenario, y algo de publicidad, y como estamos muy cerca –nota: muy cerca, son 150 kilómetros-, la idea era que nosotros hacíamos un lunch, como cena, y con eso ya les pagábamos, porque, en verdad, no tenemos más dinero…” Le conteste: “Lo primero que tienes que evaluar, cuando quieres organizar un festival, es saber cuánto dinero tienes para gastar. Lo segundo, es que porcentaje de ese dinero vas a gastar en cachets de artistas y publicidad, y despues todo lo demás, sobre todo, cuánto vas a gastar en publicidad, porque si nadie se entera… Si no tienes suficiente dinero para eso, mejor no hagas nada, porque estas condenada a fracasar…” Volvió a insistir: “No, es que nosotros ya teníamos fijada la fecha, ya hablamos con la gente de la imprenta, que nos va a hacer los carteles; con el sonidista y el iluminador, y no nos queda dinero ni para cachets ni ningún otro gasto…” Ahí, ya colmó mi paciencia, y le dije: “Mira, las cosas no se hacen así. Quizás consigas algunos cantautores que vayan a cantar y a tocar gratis, pero nosotros no trabajamos así. Asi que van a tener que cantar Uds., o que cante el sonidista, o el iluminador, pero nosotros no vamos. Es al reves: primero tienes que tener asegurados los artistas, despues, la publicidad. Despues el alojamiento y las dietas de esos artistas, porque es el artista quien decide si se queda a dormir, o regresa de noche conduciendo 150 kilómetros. Lo mismo que la cena: si quieres hacer un lunch, bárbaro. Pero es el artista quien decide si come ahí o no quiere comer, o si prefiere gastarse todo su cachet en ir a comer al mejor restaurante de tu pueblo. Despues, el gasto de sonido debe estar asegurado y, si te queda presupuesto, resolver el tema de las luces, sino, que canten con un par de focos blancos. Pero no puedes organizar  un festival de música… ¡si no tienes asegurados los músicos!”

Fin de la conversación. Obvio, en esa oportunidad, el concierto al final no se hizo pero, ¿saben que? Muchas veces se hace igual, porque siempre encuentran músicos que van a tocar “por la publicidad, para hacerse conocer”, llevando ellos mismos el sonido –así suena todo despues-, sin unas míseras luces, sin cobrar un solo euro- o peso o dólar, es lo mismo-, y conduciendo al terminar el concierto, tipo una de la mañana o mas tarde aún, los 150 kilómetros de regreso a Granada. Y así nos va.

Cada vez que planteo estos temas, siempre hay algún defensor de pobres, menores y asuentes, que salta y dice: “pero vos no puedes negarle el derecho a tus colegas de tocar gratis si quieren, o por poco dinero, porque ellos tienen que comer, y cada uno se las rebusca como puede…” Es cierto, suelo responder. Por eso estamos como estamos. Porque cada uno se las rebusca como puede y mal. Porque hay mínimos, y nadie debería viajar solo por la carretera de noche, hacerse 150, 200 o más kilómetros, para tocar por 50 euros – y eso sin deducir la gasolina, o las dietas-, con la excusa de darse a conocer, o “porque al menos así vendo algunos discos”. Porque mientras eso siga ocurriendo, siempre van a existir organizadores voluntariosos, que no tienen la menor idea de cómo se organiza nada. Y lo que es peor, ¿saben que? El sonidista cobra, el que hace las luces, tambien. El que imprime los carteles tambien, y los únicos que no cobran – o cobran tarde, mal y nunca-, son los músicos. O aspirantes a tales, porque no puedo llamarlos  “colegas de profesión”, si están dispuestos a tocar gratis o por 50 euros. Miren, yo suelo tocar tambien por 50 euros. Y gratis tambien, si tengo ganas. Pero eso lo hago en un bar de acá, que agarro mi guitarra, la pongo en el asiento de atrás del coche, y voy, me hincho de tapas y cerveza, canto 50 minutos, y despues me pagan eso o nada, que al fin y al cabo está bien, porque que me paguen 50 euros por tocar un rato la guitarra, yo siempre digo que está bien, que cuando trabajaba de camarero, tenía que trabajar 9 o 10 horas para ganar ese mismo dinero. Pero una cosa es trabajar de camarero, y otra cosa es hacerlo de músico. Y, sobre todo, una cosa es cantar en un bar de acá, en mi ciudad, donde vivo, y otra muy distinta es ir conduciendo 150 kilómetros para terminar haciendole el caldo gordo a un político, que cobra mucho mas que yo, y tiene todos los meses un sueldo fijo, y que no tiene la menor idea de nada, ni le interesa tampoco. Y, lo que es peor, tampoco le interesa aprender, ni hacerlo como se debe. Así que conmigo no cuenten para eso…”

Lo dicho. Alguna gente me tiene cierta adversión por plantear estas cuestiones, pero ya noy a cambiar, a mis casi 50 años. Y, aunque no lo parezca, esta es una lección de producción tambien: si uno mismo no se toma en serio, nadie te va a tomar en serio.

Les dejo otro ejemplo, y la corto por hoy. Unos cinco años atrás, yo organizaba conciertos en un teatro muy coqueto de un barrio de Granada, el Zaidín. Me cobraban un alquiler relativamente barato por el sonido, el teatro supuestamente me lo cedían gratis, al cual yo le sumaba impresión y pegatina de carteles de mi bolsillo, y los grupos que querían, a quienes yo iba convocando por turnos, venían por lo que se juntase. La idea era “trabajar en cooperativa: todos pegamos carteles, todos vendemos entradas, pagamos a medias el teatro, y lo que queda, lo repartimos en partes iguales…” Lo dicho: esa era la idea original. Porque, al final, siempre ocurría lo mismo: allá iba “el gran boludo argentino salud” a pegar carteles que había pagado de su bolsillo, con un rollo de cinta adhesiva, a pegar a carteles por las calles de Granada y, muchas veces, como nadie se calentaba en invitar gente o vender entradas para asegurar los costos mínimos, “el gran boludo argentino” otra vez metía la mano en su propio bolsillo para pagarle al sonidista. Pero, a lo que iba: como yo entonces ni siquiera tenía un mísero ordenador, no podía armar el original de los carteles en el Photoshop, y le pedía a un cantautor que me los hiciese en el suyo, dándole previamente, escrito a mano, un modelo de cartel con lo que yo pretendía que dijese. Bien, una de esas veces, le doy el cartelito hecho a mano, con la lista de los grupos que iban a tocar tal día –generalmente, dos grupos y un par de cantautores, que sino, es un despiole-, y me cito con el al otro día en un bar, para que me entregue el original en un CD, con una impresión de muestra. Bárbaro, llego al bar, al rato llega el quía, me da la muestra del cartel, empiezo a leer, todo bien, hasta que llego al costo de la entrada y, para mi sorpresa, había puesto el precio excatamente a la mitad del importe que lo le había escrito. Se lo digo, y el huevo me dice: “No, pero me pareció muy caro, fijate que nosotros por tocar en tal bar, cobramos eso, y vos queres cobrar el doble, la gente no va a ir…” Si serás boludo, le conteste. Una cosa es un bar, donde tocas vos solo, sin sonido, sin luces, y otra cosa un concierto, con sonido, con luces, en un teatro, donde, además, van a tocar dos grupos y dos cantautores. ¡El triple de esto es lo que deberíamos cobrar! Y le dije: “Mientras sigas pensando en chiquito, vas a seguir siendo un artista chiquito. Así que haceme los carteles de vuelta, y no me rompas las bolas…” Me entendió, creo, o me gusta pensar que es así, sino, tendre que pensar que estoy “gastando pólvora en chimangos”, como decimos en Argentina.

Sigo otro día.

 

© Mario Ojeda, Granada, 8/7/2010

Produciendo parte 3

Produciendo parte 3

Me quedó una puntita de la nota anterior: si el grupo saca un credito, por ahí, incluso mejor que hacer UN concierto de presentación en su ciudad, le conviene mas poner el dinero a difusión, y organizarse una gira de, digamos, 20 conciertos por distintas salas de otras tantas ciudades. Alguna gente va a ir, siempre, y tiene 20 ocasiones para vender discos, 20 conciertos para asentar la banda, y 20 oportunidades de recuperar la inversión de a poquito, nunca va a perder el cien por cien, y seguro que, despues de esas veinte fechas, van a ser mucho mas conocidos, es decir, los van a llamar y ¡van a poder seguir vendiendo discos!

Pasemos a otras cuestiones…

Los mitos del negocio de la música:

Siempre cito acá a Lalo de los Santos, querido amigo que ya no está en este barrio: “hay una realidad virtual, la que se ve en internet, se lee en las revistas o en los diarios, o se escucha en las radios, y otra la realidad real, la verdadera”

En lo que se refiere a la producción, pasa exactamente lo mismo, solamente hay que saber aprovecharlo en nuestro beneficio.

Por ejemplo, si fuera tan fácil hacerlo, todo el mundo ensayaría, grabaría un disco, se lo daría terminado a cualquier discográfica multinacional, esta lo editaria –y difundiría-, y a los seis meses todos contentos: la discográfica, el grupo, etc.

Pero, como norma, esto no ocurre así. Es decir, es tan improbable que venga alguien a golpearte la puerta de la sala de ensayo a decirte “che, suenan muy bien, quiero ser su mánager y editarles un disco”, como lograr que una discográfica te edite porque sí, a la primera, un disco que un grupo le lleve terminado. Y menos aún, suponiendo que te lo editen, que luego inviertan en difusión. Como me dijo alguna vez Jimmy Olsevisky, primer editor de Alejandro Lerner, a traves de su sello Raviol Records - que distribuyó Interdisc, si mal no recuerdo, y a quien yo conocía de la epoca de BARock-, cuando fui a llevarle un casette para que lo escuche. Me dijo claramente: “Mario, suena lindo lo tuyo. Pero para editarlo e imponerlo, ¡yo tengo que invertir 50 o 60.000 dólares en difusión! ¡Y eso es lo que vale un departamento! Por ahora no puedo, porque lo que tenía, me lo gaste con Lerner… quizás mas adelante, lo siento” Y asi me jodí, porque “algún día nunca llega”, como cantaba Fogerty con los Creedence. Ya me había ocurrido antes: Sibila Camps me consiguió una entrevista con Adrián Berwick, por ese entonces A&R de Polygram, cuando estaban en la calle Hipólito Yrigoyen, frente al Congreso en Buenos Aires. Les deje un casette, y a los dos días me llama al hotel pensión donde estaba viviendo, en Palermo Viejo. Fui, claro, todo ilusionado, y me recibió muy amablemente, junto a Jose luis Olle, otro productor de Polygram, quien había producido unos años antes el regreso de los Vox Dei, con su disco “Gata de Noche”. Creo andaba por ahí tambien Javier Quesada, ya fallecido, de quien luego me hice muy amigo –el produjo el disco “Silvio Rodríguez y Pablo Milanes en Argentina”, que grabaron en Obras. Adrián me hizo pasar, me ofrecieron café –yo pensaba por dentro “humm, esto viene bien, ¡me ofrecen café y todo!...”, pero, no. Me dijo mas o menos lo mismo que Jaime: “Lo tuyo suena muy bien, Mario, te digo mas. Es la producción con mayor peso emocional y letrístico que he escuchado en varios años. Pero imponerte en el mercado, me cuesta mas o menos 50.000 dólares, y yo prefiero poner ese dinero en difundir a Victor Heredia, que acaba de grabar un disco buenísimo, que se llamará “Aquellos soldaditos de plomo”…”  Tuvo razón Adrián, claro está –no en vano luego lo trasladaron a Baharn, cerca de Amsterdam, a la central de Polygram en ese entonces- Pero yo me perdí el tren. ¡Y era febrero de 1983, miren si la historia podría haber sido distinta!

A veces pasa al reves, claro. Que te editan, digo Pero sólo si el quía de la discográfica quiere ganarse a la cantante, o es pariente de algunos de los miembros del grupo. O del padre de alguno de ellos, que para el caso es lo mismo (les recuerdo que Charlie Alberti, por ejemplo, era hijo de Tito Alberti, un legendario –y excelente-, percusionista y baterista, de la epoca de Los Wawanco quien, evidentemente, conocía a todo el mundo en el ambiente). Así ocurren las cosas: nunca suceden porque sí. El trovador español Pedro Guerra, por ejemplo, sin entrar a discutir su talento, es hijo de Pedro Guerra, un histórico político canario, gobernador varias veces en Tenerife. Al cabo de algunos años, cuando ya Pedro hijo cantaba en bares y lugares así, el gobierno canario les editó dos o tres discos –vaya casualidad-, al “Taller Canario de la Canción” –que eran Pedro y otros tres mas, creo Andrés Molina, Rogelio Botanz y Marisa Delgado- Bueno, al tiempo, Pedro decide venirse a vivir a Madrid, y da la casualidad que su hermana, Angeles, está casada con Luis Pastor que, a la vez, es un trovador histórico, muy amigo de Serrat, de Miguel Ríos, de Ana Belen, de Víctor Manuel, etc. De ahí a que le graben “Contamíname”, no faltó mucho trecho. ¡Que además fue una canción de éxito!, ojo, porque a los otros, tambien le grabaron canciones varios artistas, pero Pedro pegó “Contamíname”, además, en una epoca en la cual aún se vendían discos. Digamos que eso le aceleró todo el proceso. Insisto, bravo por Pedro. No lo estoy criticando, simplemente, hago un análisis racional.

Yo mismo he sido testigo de cuando el mismo artista rechaza subirse al tren. Recuerdo claramente, allá por 1983, a Enrique Carne, un trovador rosarino excelente, con un carisma muy particular, llenaba todas las noches que tocaba en “El café de las Buenas Ondas”, que era uno de los boliches de onda de la movida porteña de aquellos años, al igual que la Cofradía o la Esquina del Sol –donde, con el mismo Enrique, compartimos varias veces shows con Miguel Abuelo- Miguel recien había regresado de España, y en los primeros tiempos de los Abuelos, cuando vivía en la calle Carranza, ni siquiera tenía guitarra: Piero le prestaba su Ovation -. Por allí, por ese Café de la calle Aráoz, pasaban todos en esa epoca: Daniel López, Alberto Lucas, Pablo Coll, Claudia Puyó, Fito a veces, Marcelo Torres, el “Pollo” Raffo, y una larga lista. Bueno, les decía, yo mismo fui testigo de cómo Enrique ignoró los constante llamados de Pity Iñurrigarro primero –que recien había sacado “Abraxas records”-, y luego el mismísimo Daniel Grinbank –que un año antes empezó a editar a Serú Girán a traves de su sello DG Discos-, cuando lo llamaban para editarlo, ofreciendole un contrato. Y Enrique ¡diciendoles que no, que no le interesaba, que si era por el, se iban a cagar! En fin. Hoy Enrique vive en Rosario, es periodista y escritor, ha ganado premios literarios, y nunca pude preguntarle –porque no lo volví a ver personalmente- si se había arrepentido, seguramente no, porque simplemente ni siquiera creo el mismo se acuerde de eso. Ni de sus cuelgues, claro está.

En suma, que para producir, ante todo y sobre todo, hay que ser metódico, ordenado. Tener memoria, organización. Saber distribuir el día en partes. A veces, hacer trabajo de oficinista –hoy es mucho mas fácil con los mails, que antes con los fax ¡o el correo!, cuando ni siquiera existía el fax-, cosa que a la gran mayoría de músicos desagrada.

Claro, por eso son solamente músicos, no pueden ser productores. A mi tambien “la guitarra me llama”, como me dijo alguna vez mi hija Marianela, y “no puedo dejar de tocarla”. Pero me obligo a hacerlo. Y hay días en los cuales paso letras en limpio, otros escribo crónicas como esta, otros busco información o me contacto con gente vía internet, otros hago análisis de costos, o me invento algún proyecto. Otros agarro la guitarra para escribir alguna cosa, y otros, ensayo o grabo. Y a veces, sólo a veces, hasta vuelvo a la guitarra por placer, como antes, como era en el principio, no solamente por trabajo. Pero las cosas son así, y uno debe aprender a bailar en todas las pistas.

Tengo un viejo amigo en Gesell, Gerardo Criscuolo, excelente guitarrista, cantante, baterista, productor musical, bah, Gerardo lo hace todo bien, quien siempre me pone como ejemplo. “Mien a Mario con sus cancioncitas pedorras, el sigue ahí, y mal no le va…” Suena grotesco, pero se de quien viene. ¡Si hasta yo mismo lo digo! Pero ocurre que no me interesa hacer otra cosa, y quiero hacerlo de ese modo, además.

Siempre preferí trabajar para mi mismo, ya desde el principio. Cuando empece en el Chaco, en Resistencia, mi ciudad natal, no había muchos lugares para tocar, aparte era plena dictadura militar, así que me invente un lugar: el patio de una escuela, previa negociación con la vicedirectora, a la sazón, madre de Jorge Sosa Rolón, un compañero de secundaria. Unos meses despues, estaba llevando a Nebbia & Los Músicos del Centro a tocar a Resistencia, agosto de 1982, gira presentación del disco “Llegamos de los barcos”. Yo mismo firme el contrato, ¡y tenía 20 años! Pero no podía esperar a que alguien viniera a hacerlo por mí, claro está.

Y con la producción ocurre eso, precisamente: si esperas a que alguien venga a echarte un cable, vas muerto. Con los años, vas a aprender a delegar y a motivar a otros a hacerlo, y hacerlo bien, que de eso se trata. Pero al principio, tendrás que hacerlo solo, no hay otra.Sigo otro día.

 

© Mario Ojeda, Granada, 6/7/2010

Produciendo parte 2

Produciendo parte 2

Sigamos desarrollando el oficio de productor para el cual, no hace falta decirlo pero lo digo, es necesario conocer mínimamente todos los elementos que integran el “circo” del negocio, para poder montárselo medianamente bien. Es como ser cocinero de un restaurante: tienes que saber dónde comprar el pescado, dónde el pollo, dónde la carne, dónde las verduras, manejar el horno, las hornallas, etc. Esa es la única manera de poder dirigir. Y además, sabiendo ciertamente adónde estas llevando el barco.

Hablemos ahora de los estereotipos. Los pibes a los cuales les gusta Nirvana, por ejemplo (o Pearl Jam, o cualquiera de esos grupos del “grunge”), se ponen una camisa leñadora, a cuadros, y ya está: sueñan con ser Kobian. Sin tomar cuenta que los grupos “grunge” tomaron las camisas del llamado “padrino” de ese movimiento: Neil Young, que usaba esas camisas en la epoca de Crosby, Still and Nash, allá por 1969… ¡pero ya Fogerty las usaba con los Creedence en 1968!

Lo que quiero decir: a quienes los gustan los Attaque 77, o simplemente los Attaque, por ejemplo, se piensan que todo empezó con ellos pero… ¡los Attaque son los Ramones en español! Y en verdad, si quiero ir más atrás, ¡así sonaban Los Beatles en Hamburgo o en el “Cavern Club”, allá por 1961 o 1962!

Resumiendo: las cosas no ocurren porque sí: siempre hubo alguien antes que lo hizo de una manera más o menos parecida, simplemente, lo que uno hace es encontrar su propio camino: sea en la música, en la producción, o en la vida misma. Todo ha sido hecho ya.

De hecho, si no te adaptas, te pasan por arriba: es así de sencillo. O no te lastiman, si tienes suerte, pero quedas absolutamente fuera de órbita, el famoso “perdiste el tren, amigo…”

La primera regla antes de empezar a producir es: si  uno tiene que producirse sus propios conciertos, no significa que le guste hacerlo. La mayoría de la gente, cuando empezó a producir sus primeras cosas –sean conciertos, discos, lo que fuere-, lo hizo sencillamente porque no le quedaba otra –y me incluyo en esa lista-. Dicho de otro modo: si vos estás ensayando con tu grupo, alguien te golpea la puerta de la sala de ensayo (como cuentan hizo Peter Asher con James Taylor, y tambien no me acuerdo quien ahora con The Animals, y su hit “House of the rising sun”), y te dice: “suena lindo eso,  quiero ser tu productor” o vuestro mánager (al igual que hizo Brian Epstein con Los Beatles), y al poco tiempo te consigue un contrato de grabación y edición con una discográfica “major” (sea la EMI, la WEA, la SONY o la que fuese), ni en pedo te vas a poner vos mismo a producir tus cosas. Quien diga lo contrario, y ya lo escribí otras veces: o está mintiendo, o es tan salame que se lo cree el mismo, sin que eso signifique que sea verdad.  

La primera regla, entonces, nos lleva a la segunda: a nadie lo importa lo que haces. Insisto con esto, porque es realmente importante. A nadie le importa. La gente anda por la vida viviendo su vida, no necesita que venga nadie a venderle nada. ¡Pero ese es, precisamente, el desafío! Se trata de encontrar el resquicio justo para meter tu música, tu escultura, tu poesía, tu pintura, tu discurso, o lo que fuera. No es fácil, para nada. Pero, si lo fuese, todo el mundo se dedicaría a producir. Es así de sencillo.

Otra cosa fundamenteal a tener en cuenta es: lo que uno hace es un producto. Artístico, quizás, pero es un producto al fin y al cabo. Como una botella de vino, o un desodorante, o lo que fuera. Es un producto que tienes que vender. Para eso debes empaquetarlo, uniformarlo, hacerlo atractivo, presentable, y así solamente al final, si lo has hecho bien, puede que tengas la suerte de poder venderselo a miles de personas. O a cientos, que en los tiempos que corren, ya es mucho decir.

Hay quienes piensan que solamente es exitoso un producto cuando lo vendes de a miles. No. Error. Si lo vendes de a cientos, y te rinde, ya es un logro. Un joyero no hace joyas al por mayor: las hace artesanalmente. De a una. Y cobra por eso. Muy bien cobrado, porque es mucho trabajo. Y delicado. Pero si logra meter esa joya al mercado, y vender una o dos, ya se asegura un dinero para seguir haciendolas. En producción, ocurre exactamente lo mismo. El éxito es, sencillamente, poder hacer lo que uno quiere. Y si puede cobrar y ganar dinero con ello, mucho mejor. Sino, se trata al menos de disfrutar el camino, “amar el tiempo de los intentos”, como cantaba alguna vez Silvio Rodríguez.

Imaginemos la producción de un concierto musical. ¿Qué es mejor? ¿Ir a tocar a un bar para cuarenta personas, la mayoría amigos invitados, por ejemplo, y ganar un dinero fijo que pueda ofrecerte el dueño de un bar?... ¿O arriesgarte a producir un concierto en una sala de, por ejemplo, 300 personas, tomarte dos meses para prepararlo bien, y que al final ese teatro se llene? ¿Con cual de los dos vas a ganar más dinero? ¿En cual de los dos conciertos vas a grabar un mejor video, o vas a tener una mejor grabación en directo? Claro, la segunda opción es más difícil de hacer. Es más trabajosa, tiene más riesgo. Pero, ¿no es mejor acaso? Este ejemplo puede marcarte un camino: si quieres destacar, tienes que hacer cosas que los demás no hagan. Y hacer producciones mas ambiciosas, es una forma de destacar. ¿Qué hace falta más dinero? Seguro. ¿Qué deberás trabajar más? Ciertamente. Pero el resultado, si lo haces bien, te va a dar muchas mas satisfacciones. Esto es seguro tambien. Y por ahí pasa el asunto.

El año pasado, fui a un bar muy conocido de cantautores, acá en Granada, donde resido, y me encontre con un cantautor de Málaga, muy feliz porque había venido a presentar su disco recien terminado acá, me ve, se me acerca con un disco en la mano, y luego de autografiarlo, me lo regala, diciendome: “Mirá, acá está. Me tomó un año hacerlo, y ahora tengo que pagar un credito que saque, de 10.000 euros, pero ya tengo mi disco…” Lo mire, sonreí, y le dije, muy claramente: “Y ahora tienes como cinco cajas de discos debajo de la cama, ¿verdad?...” Me miró, serio, y preguntó: “¿Cómo lo sabes? “Porque yo he cometido el mismo error”, le conteste. “En vez de gastarte todo ese dinero en la grabación y edición de 1000 copias de tu disco, y ahora deberle 10.000 euros al banco, deberías haberte gastado 1000 euros en hacer las copias, otros 1000 en la grabación, o grabarlo en tu casa, que te salía mas barato, y el dinero sobrante gastarlo en difusión, haciendo una buena producción, y presentando tu disco en cualquier teatro. Si hubieras convocado, no se, 400 o 500 personas a esa presentación, a 10 euros la entrada, hubieras juntado, digamos, 5000 euros. Serías mucho más conocido ahora, gracias  a la difusión que hubieras hecho, y hoy por hoy le estarías debiendo solamente al banco a mitad del dinero…” Me miró, se quedó pensando y me dijo: “Tienes razón, ¿cómo no me di cuenta?...” Tranquilo, le dije, ya lo aprendiste, la próxima vez, ¡hazlo así!

Porque, además, a 10 euros la entrada, si hubieras metido un pelotazo, digamos, que hubieras convocado 800 personas a esa presentación, ahora le estarías debiendo mucho menos dinero al banco, ¡pero serías mucho mas conocido! Es más: quizás, entre el dinero de las entradas, y el dinero que hubieras podido juntar, con la venta de discos de ese día, poniendo un kiosko en la entrada, y una señorita simpática vendiendolos, ¡hubieras recuperado la inversión el mismo día! Ese es el sentido de la producción: ¡potenciar lo que ya tienes! Y de eso se trata.

Sigo otro día.

 

© Mario Ojeda, Granada, 4/7/2010

Introducción al

Introducción al

La verdad es, cualquiera que leea estos conceptos con atención, puede sacar un sinfín de ideas para ir produciendo sus propios conciertos o espectáculos. No tengo acá la pretensión de escribir ningún manual “oficial” de productor, sino, simplemente, ir desarrollando anecdotas y contando las ideas que se me vengan a la cabeza.

En primer lugar, como alguna vez me dijera Alberto Lucas (actual productor de Manuel Wirtz, Juan Dhartes, y otra gente, con quien compartí inumerables conciertos en la movida porteña de principios de los ´80), “producir” no es mas que el pomposo nombre que se le da a tener una idea, y luego cumplir los pasos para llevarla a cabo, con la mayor efectividad posible.

Esto, para empezar. Luego, debe quedar claro que una cosa es la música, con todo lo que ello implica, y otra cosa muy distinta es “el negocio de la música”, algo que pareciera estar entrelazado, o que van tomados de la mano y que, en verdad, son cosas absolutamente distintas.

Es muy común que los músicos, por ejemplo, suelan colgarse la muletilla esa de “que a mí lo que me importa es tocar, de los negocios prefiero que se ocupe otro. Lo mío es tocar…”

Craso error, amigo. Si no sabes porque te queda tanto dinero de un concierto, o porque no te queda, lo más probable es que pronto no te quede nada. Y si no te queda nada, pronto vas a tener que dejar de tocar, porque para tocar hace falta dinero. Así de sencillo. Parafraseando al celebre cómico argentino Juan Carlos Calabró, cuando hacía su personaje de “El contra”: “en la vida, para ganar, hay que invertir”. De la nada, por seguir con el ejemplo, nunca salió nada. Es decir, primero hay que tener claro que vas a vender. O lo que es igual, que vas a producir. Es parecido, pero no es igual.

Si el lector tiene un grupo musical, por ejemplo, debe saber primero a que tipo de público se quiere dirigir. Es decir, a quien le quiere vender la música que ese grupo hace. ¿Imaginan a los Vox Dei, por ejemplo, o cualquier grupo clásico del llamado rock argentino, actuando en una milonga de tango? No, porque van a quedar desenfocados. Es decir, nadie los va a comprar. O el mismo grupo actuando en un desfile de modas, o una “rave”: no tienen nada que hacer ahí. No es el tipo de público que puede llegar a consumirlos. A esa gente, en los tres casos citados, no le interesa para nada ese tipo de música. Aunque te paguen por actuar. Como suelo decir: siempre es mejor hacer algo a no hacer nada, estar moviendose, digamos, pero, muchas veces, es mejor “desensillar hasta que aclare”, o “esperar a ver que pasa”, como dicen dijo Lennon cuando Los Beatles se separaron. 

El oficio y no la ropa es lo que hace al monje. Pero en producción, “todo sirve”, como alguna vez me dijera Horacio Fontova. En producción, lo reitero, todo tiene que ver con todo, y no puedes producir algo dejando flecos.

Sigamos. Suele ocurrir que se arme un grupo, y los pibes se mueran por tocar. “Incontinencia actuativa”, como suelo llamar a ese fenómeno. Les da lo mismo que les paguen o no, tocar con buen sonido, con buen monitoreo o no. Les da lo mismo si hay publicidad, un escenario, o lo que sea. Ellos lo que quieren es tocar.

Primer error: siempre habrá gente que se aprovechará de esa actitud. Un gurpo, para destacar entre miles haciendo lo mismo, debe creer primero ciegamente en lo que hace. Y trasmitirlo así. En ese juego, en el hecho de cómo se trasmite, entra todo: la ropa para actuar, las fotos que se publiciten, los carteles que hagan, los avisos radiales que hagan, etc.

Pero una cosa es clara. Para que un grupo tenga éxito, es más importante que vaya gente a verlos, que haya mucha gente en las salas, antes que la música que hagan. Esto es así desde siempre, pero quien lo magnificó, fue Malcom Mc Laren, el “descubridor” de los Sex Pistols: sabía que estaban tocando mal,  que sonaban horrible al principio, pero los tipos tenían actitud, el lo sabía, lo potenció, y se apoyó claramente en el viejo axioma: no importa que hablen mal o bien, sino que hablen. Así nos van a conocer. Y así fue, hasta hoy. ¡Aunque los Pistols hayan grabado solamente un disco!

Es decir: lo primero es la publicidad. Parece mentira, pero aún hoy, en tiempos de internet, la radio sigue siendo imbatible. Ahí hay que invertir, claramente. Incluso mas que en carteles, aunque estos haya que hacerlos tambien. Y esto sencillamente es así por lo siguiente: en internet, en el “google”, por decirlo claramente, está todo, pero siempre que uno lo busque. La radio, en cambio, está en todos lados, y se mete sin pedir permiso: la escuchan las amas de casa, los oficinistas, los empleados de supermercado, los conductores de tren o de autobús, se escucha en el coche, cuando vas de compras a un supermercado, a una tienda de ropa, etc.

Es decir, es mejor, partiendo de un equis dinero con el cual cuentes para empezar a producir, invertir un diez por ciento en carteles, y el 90% restante en publicidad radial: tendrás mejores resultados, seguro.

Acá aparece el primer problema: ¿con que dinero contamos para empezar a producir? ¿Con nada? Bueno, lo mejor que puedo sugerir acá, antes que nada, es que cada uno de los miembros del grupo se busque un trabajo “normal”, digamos, ahorren dinero durante un año o dos, y despues recien se planteen lanzar el grupo, aunque mientras tanto sigan haciendo pequeños conciertos en bares o lugares así, como para despuntar el vicio e ir ganando ritmo.

La opción alternativa es la que hacen todos: insistir. Pero hacerlo con inteligencia. Esa es tambien una alternativa que el grupo debe plantearse desde un principio.

Por ejemplo: ¿Qué es más negocio? ¿Tocar todos los fines de semana en un boliche cualquiera, con mal sonido, y para 10 o 12 amigos, todos invitados y sin que nadie pague entrada? ¿O que la paguen, pero que el dinero se lo quede el dueño del bar? ¿No es mejor, acaso, buscarse un centro cultural, el salón de actos de alguna asociación, por ejemplo, y llegar a un arreglo? Por ejemplo,”la barra es de ustedes, la entrada es para el grupo” (ellos van a ganar mas dinero que Uds., eso seguro, pero al menos, lo que junten, del grupo será). Y plantearse una buena campaña por internet, via mailing, llamando y avisando a amigos por telefono, haciendo carteles- los que se puedan hacer-, yendo a programas radiales a difundir el show, etc., y presentarse allí solamente tres o cuatro veces al año. Eso siempre va a ser mas negocio –como concierto, como producción, como repercusión, como inversión-, que estar tocando un fin de semana en La Matanza, otro en La Plata, otro en Acassuso, otro en Bernal, o donde sea, por dos mangso o por nada.

En producción, y vayan tomando nota, TODO ES DINERO. Desde que sales y coges un autobús ida y vuelta para ir a ensayar, o para echarle nafta al coche, ya estás gastando dinero. El asunto está en hacerlo con criterio, como inversión, y no a la bartola.

Otra opción interesante es buscarse algún grupo musical afín, quizás dos. Y trabajar en cooperativa. Si cada grupo tiene, por poner un ejemplo, cuatro integrantes, ya tienes doce personas para hacer todo: para cargar los equipos –que deberín compartirlos, así abaratan esfuerzo y costos-, para pagar la impresión de carteles, para salir a pegarlos, para hacer mailings, a visitar programas de radio o televisión, etc. Claro, lo difícil acá es encontrar gente que este en la misma sintonía, de ahí aquella frase del Indio Solari, de cuando empezaban Los Redondos: “Tocar solos y de noche”. Está bien. Fue su opción. Pero eso fue hace treinta años. Estoy hablando de hoy, no de leyendas urbanas. Como siempre decía Lalo de los Santos: “una cosa es la realidad virtual, la que sale en las revistas, o uno escucha en la radio, y otra muy distinta la realidad verdadera…” Y yo estoy hablando de hoy, mañana no se..

Además, ¿recuerdan cuánto tiempo les llevó encontrar gente afín para formar el grupo? Bueno, esto es lo mismo. Les puede llevar un tiempo, pero al final, los grupos aparecen. Y por regla general, si cada uno puede convocar 30 o 40 personas por show, en cada concierto estarán actuando los tres para 120 personas, todas pagando entrada, que al final les quedará lo mismo a cada grupo, pero cada vez que toquen, no es lo mismo tocar para 30 personas que para 120, ojo. Las fotos no quedará igual, los videos no quedarán igual. El sonido necesario no será igual. Nada será igual.

Un mejor arrgelo con el centro cultural o asociación sería: “la entrada es para nosotros, y el 50 por ciento de la barra, tambien”. Si consiguen eso, van a ganar más del doble que solamente con lo recaudado con la producción. Recuerden al principio: todo es dinero, y no deben quedar flecos sueltos.

Fijense que llevo un buen rato escribiendo, y no estoy hablando de música. Insisto: una cosa es la música, el arte. Y otra muy, pero muy distinta, el negocio de la música.

Pasemos a otro punto. Por ejemplo, los carteles. Es común que los grupos hagan carteles “artísticos”, con contraluces, con sombras, con letras elegidas, etc. Mal hecho. ¡Los carteles son para publicidad! Para difundir el concierto. Deben leerse claramente al caminar sin necesidad de acercarse  a ellos, y las letras deben leerse igual de claro desde un coche esperando que cambie el semáforo, o desde un autobús en movimiento. Insisto: son carteles publicitarios, no obras de arte. Deben cumplir su cometido: ¡vender! Para eso está el Photoshop.

Si tengo un grupo con una o dos mujeres, por ejemplo, en las fotos yo pondría las mujeres adelante, muy bonitas y maquilladas. ¿Por qué? Porque eso llama la atención. Porque quiero que la gente se interese, aunque sea por las caras de las tías. Así de sencillo. Aunque yo ayude a mi novia a lavar los platos, a cocinar, o a tender o recoger la ropa, la verdad es que el mundo sigue siendo machista en general. ¿O por que piensan que en los entretiempos de los partidos de fútbol o de lo que sea, ponen “porristas”, y no “porristos”? Porque las mujeres venden más, así de simple. Guste o no, esta es la verdad de la milanesa. Para todo: para las publicidades de televisión, para los anuncios de perfume, para los telefonos móviles, etc. Siempre vende mas la figura femenina.

Esto tiene directa relación con lo que decía al principio. Si yo tuviera que salir a “volantear”,  a repartir “flyers” –como les dicen en España-, o panfletos, por decirlo como en Argentina, ¿los voy a ir a repartir al Campo Argentino de Polo? No, seguramente no. Yo los repartiría, en principio, a la salida de recitales y, además, de recitales de grupos  afines al estilo de mi grupo, no voy a ir a repartir volantes de un grupo de rock, por ejemplo, a la salida de un concierto de la Porteña Jazz Band, porque no tiene nada que ver. Así seguimos sumando ejemplos.

Todo sirve, nunca deben olvidarlo.

Esataba pensando. Quizás debería repartir estas reflexiones en capítulos, por ejemplo. Sería una mejor forma de diseccionar todo. Vamos a ver…

 

Los “cuentapropistas” (arrojados o voluntariosos, que no es lo mismo que audaces o voluntarios), por ejemplo, son una importante “jungla” en sí misma. Es decir, los hay a montones. Son esos que un día aparecen y te dicen: “yo voy a hacer tal cosa”. ¡Y te convencen! Despues, pasan los días, las semanas, los meses, y no hacen nada. ¡Y el grupo sigue esperando! Claro que, muchas veces, es peor. Porque hacen. Y, por supuesto, lo hacen mal. Y el grupo – o los grupos-, terminan pagado los platos rotos. Son esos tipos que aparecen y te dicen: “yo les voy a producir un disco, en tal estudio, porque conozco gente, porque tengo experiencia, bla, bla…” Y despues te llevan a grabar a la habitación del fondo en la casa de un amiguete, con un ordenador y dos micrófonos baratos, y “los contactos” que tenía se limitan a conocer –de nombre-, al portero de algún bar musical, o al primo de la novia del hijo de un amigo del hermano que conduce un programa radial sobre folklore en “Radio Prosperidad” del quinto coño. Para colmo, suelen “organizarte” un concierto, por ejemplo, y los miembros del grupo terminan poniendo dinero de su bolsillo para pagar al sonidista, a la imprenta donde hicieron los carteles, al fletero, al dueño de la sala, las bebidas que se consumieron, etc. Por norma, y no lo olviden: si aparece alguien que quiere ser vuestro productor o que dice serlo, la primera pregunta sería: “¿y que puedes hacer por nosotros?” La segunda: “¿Con que dinero contás para hacer eso?...” La tercera: “¿Me lo puedes poner por escrito en un papel, todo eso que  decís, porque nosotros tenemos muy mala memoria…?”  Con estas tres simples preguntas, ya se estarán cubriendo las espaldas y ahorrádose muchas amarguras a futuro. El “do it yourself” no es para cualquiera, y esto tambien deben tenerlo claro desde un principio.

 

Sigo otro día.

 

© Mario Ojeda, Granada, julio 2010.

Definiciones simples

Definiciones simples

Si tuviera que definirme, diría que soy sólo un tipo que escribe canciones. Ni más ni menos que eso. Lo cual no es poco. Despues, podría definirme como músico. Esto último, seguramente, ya les sonaría más simpático a viejos amigos que llevan mas de treinta años escucharme decir que es eso lo que quiero ser. Lo cual no es del todo cierto tampoco. Es decir, no soy un músico en el sentido real del término. Aunque puedo leer cifrado, no soy capaz de leer una partitura a primera vista. Luego, en terminos estrictos, ¡no soy músico! Eso es lo que quería decir.

Por otro lado, siempre me encantó la producción.

La producción musical, me refiero. Es decir, escuchar una canción cualquiera, y poder apreciar los arreglos, que es lo que está haciendo el bajista, el guitarrista rítmico, el pianista. Si hay una guitarra acústica –o varias-, sonando detrás. Si se está usando tal o cual efecto de guitarra, si el piano es este o aquel, si la batería fue grabada con o sin compressor, con tal o cual reverb, cuando “pinchó” el tecnico, cuando doblaron la voz, cuando le pusieron un corito, doblando o triplicando la voz, o cuano pusieron detrás un sonido tal, porque el artista no llegaba a esa nota, etc.

Pero, tambien, y esto ya fue causa de pura necesidad, a traves de los años fui convirtiendome en productor ejecutivo de mí mismo, secillamente porque nadie ocupaba ese rol por mi.

Así, desde un principio, tuve que hacerme cargo de, por ejemplo, conseguirme lugares para tocar, ocuparme de la impresión y fijación de carteles, de aprender a configurar mis propias páginas webs, saber que era eso de “youtube” y demás etceteras, aunque antes, mucho antes, los problemas no eran más sencillos: había que conseguir lugar para ensayar, ocuparse del sonido, del transporte, de los horarios, de cuándo y cómo serían los ensayos (de allí la famosa frase de Nestor Astarita: “La música es el arte de combinar los horarios de los músicos…”), de las luces, de las entradas, de la impresión de esas entradas, de los diseños de los carteles, de quien se iba a ocupar de pegarlos (yo, el boludo de siempre), de ordenar el concierto, de saber que decir, de cómo íbamos (o iba, si me tocaba ir solo) a ir vestidos, etc.

La necesidad no tiene cara de hereje, digamos.

Y todo esto que ya llevo varias líneas escribiendo, ¿que diablos tiene que ver con la música? Todo a la vez, pero nada desde un principio. Quiero decir: hacer música, al comienzo, era tocar la guitarra.

Despues, me picó el bichito de escribir canciones. Luego, grabar esas canciones –para lo cual había que tener los medios tecnicos para hacerlo, no como ahora, que cualquiera con un simple ordenador, y un par de micrófonos, tiene lo suficiente para grabar en su casa-.

Una vez logrado esto, había que salir a mostrar esas canciones, repartiendo cassettes a lo pavote (el artista debe ser generoso, me dijo alguien alguna vez, lo cual me tocó los huevos sobremanera, porque mi abuelo, que ese sí hacía cosas artísticas, regaló muchas veces sus tallas o sus cuadros, sin cobrar un mango por ello, y yo nunca quise eso para mí ), o tratar con gente con la cual tenía pocas –casi ninguna- ganas de tratar, pero todo eso era parte del juego.

Y me fuí haciendo, pensando que era lo que podia funcionar mejor, que podía hacer para destacar del resto. Que en el fondo, digamos que cualquiera puede tocar la guitarra y cantar. Hacerlo bien, ya hay menos gente. Pero, sobre todo, tratar de “profesionalizar” eso que uno hacía, ese fue el desafío desde un principio, y lo sigue siendo, que duda cabe.

Cosa curiosa, por otro lado. A nadie se le ocurre discutir que ser fontanero, pintor o electricista, es un oficio. Pero si decís que sos músico, siempre viene detrás la pregunta: “Ah, ¿y de que trabajas?...”, como si no fuese suficiente trabajo el pretender vivir de lo que haces.

Como si no implicase horas, constancia, orden, tozudez, ilusiones, dudas, sueños, etc.

Bueno, las cosas son así, ¿que puedo decirles?

Siempre insisto con lo mismo, porque además es verdad: nadie te pone una pistola en la cabeza para que te dediques a esto. Es solamente una cuestión de elección personal.

Allá por 1978, o 1979, leí un reportaje en la revista “Rock Supertar”, a cargo de Gloria Guerrero, quien le preguntaba a Raúl Porchetto  “¿Qué le dirías a cualquiera que pretenda ser músico?, a lo cual Porchetto respondió: “En principio, no se si le diría. Quiero decir, no se me ocurriría decirle a nadie que debería dedicarse a esto. Y si se decide a hacerlo, es el quien debe encontrar las llaves para ir abriendo puertas…” Esa respuesta me jodió, realmente. Porque pense: “Puta, yo quiero ser esto, y este boludo en vez de decirme cómo, hace mutis por el foro y no dice nada…” Pero hace ya varios años que llevo entendiendo a Raúl, es decir: yo tampoco le aconsejaría a nadie que se dedicara a esto, por más que le viera condiciones.

Porque es un largo y sinuoso camino. Porque no siempre –casi nunca, bah-, llegan los que realmente tienen mas talento para esto. Porque tienes que sufrir un montón de agachadas, y puñaladas por la espalda. Las cuales, muchas veces, vienen de tus propios pares – y yo que creía que los músicos eran unos santos inocentes: alcanza con ver la película “Amadeus”, básicamente la historia de Salieri, para ver hasta que punto esto es cierto-.

Porque muchas, pero muchas veces, vas a tener que tratar con gente con la cual no irias siquiera  a tomar una cerveza. Porque vas a tener que escuchar una larguísima serie de sartadas y estupideces en el camino que nada tienen que ver con la música. Porque ya desde un principio, cuando no tienes dinero para comprarte una miserable guitarra que al menos afine y quinte bien (es decir, que no “mienta”), ya empiezas a sufrir. Pero tienes que lidiar con eso. Y con muchas cosas más, que seguiremos desarrollando.

Porque no quiero que alguno lea esto y piense lo que yo pense en su momento de Raúl, aunque le siga teniendo cariño.

Y porque, escribir por escribir, escribo sobre lo que me gusta. Literatura pura, nada más.

Ahí vamos.

 

© Mario Ojeda, Granada, 7/8/2010

Clarificando conceptos

Clarificando conceptos

Una de las cuestiones principales a tener en claro cuando uno va a producir algo es, ni mas ni menos, saber que catzo va a producir. Así de sencillo. Es decir, no es lo mismo producir un concierto de rock, que un festival de tango. O una rave en una discoteca, o un festival “chill out”, que un recital de poesía -¿hay algo mas aburrido que un festival de poesía? ¡Si!, ¡un festival de blues!-  Bueno, en serio: uno debe tener muy claro “que” va a producir, antes de comenzar a hacerlo.

Tengo un amigo viviendo en Madrid (bah, ahora: antes vivió cuatro años en Londres, y allá lo visite tambien: ¡esto simplemente queria decirlo!). Bueno, se llama Tancredo, fue violinista de León Gieco como 15 años, y ahora vive en Madrid. Entre otros proyctos, Tancredo tiene uno muy piola llamado “Maltango”. Básicamente, es el tocando el violín, sobre una pista de música electrónica que  va pinchando un disc jockey (o Dj, como le dicen ahora). Toca canciones de tango muy, muy conocidas, la línea melódica solamente, y cada tanto mete algunas palabras en español o ingles. Que conste que digo “palabras” y no letras, en serio. Dice, por ejemplo, “kiss me”, o “¡baila, morena!”, o “come on, ¡dancing!”… eso es todo. No hay ninguna pretensión filosófica, existencialista ni cultural detrás. El mismo lo dice: “yo hago esto, y punto”. Y le va bien, muy, muy bien. Varias radios FM en Londres, Nueva York o Amsterdam, por ejemplo, “pinchan” sus temas. Incluso, ha sido editado en varias recopilaciones, ¡hasta en Suiza! Para salir a tocar –suelen contratarlo en discotecas, raves, o incluso producciones publicitarias, a las cuales pone música-, son el y un DJ. Nada más. Dos eprsonas para todo: para viajar, para reservar un hotel, para comprar pasajes en avión, o desplazarce en un coche si la actuación está cerca.Se la inventó y le va fenómeno. Obvio, aparte toca de invitadod e este, de aquel, hace grabaciones, etc. Pero su proyecto es ese. Un concepto, una idea clara, y a llevarlo adelante.

Ahora bien. Yo no hago eso. No puedo entrar en su circuito (¿me imaginan a mi con una guitarra acústica haciendo mis canciones pedorras en una discoteca?). Ni yo puedo entrar en su circuito, ni el puede entrar en el mío (¿o se imaginan a Tancredo en un teatro, la gente sentada, y el y su DJ haciendo música tecno? No, no da).

Digamos que yo estoy en un circuito antiguo. Casi, diría, prehistórico, por no decir perimido. Un circuito en cual, por ejemplo, de entrada nomás se pretende que la gente pague una entrada, y luego se siente en silencio a escucharte… ¡sin conocer tus canciones! ¡Sin haberte escuchado antes por la radio! Ya, ya. “Frekies” hay en todos lados. Y por eso hay 50 trovadores españoles haciendo eso: van de ciudad en ciudad, con sus discos en una mochila, a tocar a bares, para 20, 30, a lo sumo, 40 personas, que pagan una entrada para ver a un tipo anónimo, cantar canciones más anónimas aún… ¡y además les compran discos! Ya lo dije: “frekies” hay en todos lados pero, ¿hasta cuándo se pueden sostener así? ¿Qué proyección tiene eso? Ninguna, en realidad. Mas tarde o más temprano, la gente se cansará de ir a verlos a bares, habrá otros nombres, otros trovadores, que empezará a recorrer el mismo camino para teminar agotando (y agotándose), realizando el mismo circuito. La única alternativa real de escapar a eso, es conseguir contrato con una dicográfica multinacional, que te radie tus temas 15 o 20 veces por día, durante seis meses o más, y así, con suerte, salir de ese circuito y empezar a tocar en pequeños teatros, con una entrada mas digna (porque tambien será mas digno el concierto. Seguramente, el cantautor ya no irá solo con su guitarra, sino acompñado por dos o tres músicos detrás).

Así lo hicieron los Serrat, los Sabina, los Aute, los Víctor y Ana, y algunos pocos más. El resto, es decir, los de ahora, parecen estar condenados a seguir recorriendo la geografía española en su cochecito, cargando sus propios equipos de sonido, su guitarra y su maleta con discos autoeditados, a ver cuantos pueden vender en cada show, hasta poder vender casi toda la tirada inicial, para pagarse una nueva. O mejor aún, haciendo un nuevo disco, para autoeditarlo otra vez y comenzar nuevamente el peregrinar. Ya lo dije: un sistema prehistórico, arcaico, en estos tiempos de internet y veloces comunicaciones.

Tampoco es que tengan demasiadas opciones, en realidad. Bueno, si. Hay casos de niñas cantautoras, cuyos padres son constructores inmobiliarios – es decir, gente con dinero-, que ofician de mánagers de sus hijas, pagando ediciones de discos, pagando arregladores, pagando estudios, alquilando sistemas de sonido, pagando músicos, salas de ensayo, y que finalmente terminan alquilando teatros para que “la nena” toque en ellos. Previo pago, además, de una importante campaña publicitaria, sino, ¿Quién los va a ir a ver? Y hay muchos casos, ¿eh?

No es que este mal. No señor. Cada uno hace con su dinero lo que le place.

El punto no pasa por ahí. Otra vez, el tema del concepto. ¿Qué tiene eso de artístico? Muy poco, en realidad, pero es lo que hay. Cada tanto explota alguno igual. Varios ex cantantes de “orquesta de verbena”, como llaman acá a los grupos de bailes populares. Caso David Bisbal, David Bustamente o algún otro que se me escapa. No es que esto este mal tampoco, insisto. ¡Que mas quisiera yo que ser Bisbal, no me jodan! El quía canta bien, baila fenómeno, tiene un show súper ordenado y montado, ¿Qué puede un salame como yo criticar? ¡A mi encantaría escribirle canciones por encargo a Bisbal, y despues pasar cada dos o tres meses por la sociedad de autores a cobrar mi dinero por derechos de autor!, ¿de que me hablan? Es como muchos rockeros que reniegan de un grupo como Maná, por ejemplo, porque dicen que no hacen “rock”, sino “pop” ¡No me jodan! Los Beatles al principio, ¿Qué hacían? ¿Hubieran sido Beatles si no hubiera aparecido un Brian Epstein para poner dinero detrás, conseguirles un contrato de grabación, pagarles grabaciones, y comprárles equipos de sonido para que pudieran sonar al menos decentemente? No, seguramente no. Lo otro, la fama, el dinero, vino despues. Pero al principio fue “Mr. Epstein”, es decir, un tío con dinero, que invirtió en ellos.

Hay mucha gente que no entiende esto. Es decir, “no tiene claro el concepto”, para decirlo otra vez.

El arte, como norma, no da de comer. Les da de comer a algunos pocos, esa es la verdad. Y quien diga lo contrario miente. O es un imbecil.

¿Qué haría yo si tuviera tiempo y edad hoy por hoy para tratar de “desarrollar una carrera musical”? Bueno, entre muchas otras cosas, seguramente me quedaría viviendo en Madrid. Me buscaría un trabajo (o “una mujer con sueldo fijo”, como diría Javier Krahe), para resolver cuestiones tan elementales como comer, ir al dentista o pagar el alquiler, por ejemplo. Y despues me dedicaría a tocar, tratando de hacerlo en centros culturales, que me vería y escucharía más gente que tocando en bares –encima, teniendo que alcahuetearles a sus dueños como si fueran empresarios, para convencerlos de que me dieran una puta fecha-. Visitaría cotidianamente las radios, las revistas, los canales de TV, tratando de colocar algún tema en una telenovela, o que me fiche una editorial que tratase de colocar mis canciones en otros países, para un aviso publicitario, o lo que fuera. Trataría de aprovechar los “medios masivos de comunicación”, como se les llama acertadamente, para tratar de que mis canciones suenen en la mayor cantidad de lugares posibles. Y despues si, finalmente, si pinta alguna discográfica interesada en invertir dinero en mí (seguramente, siempre y cuando yo ya estuviera “sonando” y moviendo gente, que las discográficas no son estúpidas), trataría de firmar el mejor arreglo posible en lo económico, sabiendo casi de antemano que mi disco, además de salir al mercado, vaa tener difusión, sino, ¿para que catzo quiero un disco mas, que no va a escuchar nadie?

Fíjense si este sistema es obsoleto, que cada vez hay menos festivales de cantautores –o cada vez tienen menos presupuesto-, y que en Argentina, por ejemplo, cuando antes, el objetivo a cumplir era llenar el estadio Obras Sanitarias, con un aforo de 5000 o 6000 personas, o el Gran Rex –con un aforo de 3500 butacas-, que eso te garantizaba prensa, difusión y giras varias, hoy, la mayoría de los tipos conocidos, hacen el ND Ateneo, un viejo cine reconvertido en teatro, en el centro de Buenos Aires, donde no entran mas de 800. Y en Madrid, por ejemplo, el objetivo es hacer salas como la Galileo Galilei -600-, o la sala Clamores –no más de 400-. A este paso, en dos o tres años la máxima aspiración va a ser dar conciertos en “el salón o la terraza de Periquito Perez”, como ya está pasando en París, Bruselas, Amsterdam o Berlín, claro, eso sí, “todo muy modernoso”…

¡Los “Imagen” tocaban así en Resistencia!, allá por 1980, hace treinta años, ¡porque no había una puta sala donde tocar! Y si conseguíamos algún teatro, o la sala de actos de la ENET Nro 1, -400 personas-, ¡llenarla era un milagro! En fin…

Ya les dije antes: da para largo el tema, ¿no?

Hasta otra vez.

 

© Mario Ojeda, Granada, 14/8/2010

Algunas consideraciones elementales

Algunas consideraciones elementales

Tener la posibilidad cierta de dedicarse exclusivamente a lo que a uno le apetece, puede deberse básicamente a tres condiciones esenciales: o ganas la loteria, o tienes mucho talento y sobre todo mucha suerte, o heredas una empresa familiar, en donde entres por la ventana al mercado laboral, y eso te deje dinero para vivir cómodamente, y dedicarte a lo que te gusta en tus ratos libres – sea eso lo que sea: la música, la pintura, la astronomía, la escultura o jugar a los autitos electricos-

En muchos casos, ocurre que lo que a uno le gusta da inmediatos reditos comerciales. Por ejemplo, si te gusta el comercio, los negocios, seguramente a los 17 o 18 años, ya vas a estar trabajando y negociando. Así, quizás a los 25 años tengas una buena posición económica, y puedas ganar aún más dinero haciendo lo que te gusta: comerciar.  Y ya se sabe: el dinero llama al dinero, asi que, con un mínimo de creatividad, y algo de suerte, si juntaste algún dinero para esa edad, vas a seguir ganando dinero, tan sencillo como eso.

Pero si no tienes esa vocación, es decir, si el dinero en sí mismo nunca ha sido –ni es-, algo que te quite el sueño, indefectiblemente vas a tener que trabajar para juntarlo, para poder tener las pequeñas cosas necesarias para vivir, ya sabes, pagar el alquiler (o mejor aún: la hipoteca de tu propia casa), tener un auto, poder tomarte vacaciones un par de veces al año, poner comida en la heladera, vestirte, alimentar y pagar la educación de tus hijos, etc.

Alguien me dijo cierta vez que el dinero se junta igual que la basura: si vos haces un bollito con un billete todos los días, y los vas arrojando a algún rincón, cuando quieras acordarte, vas a tener disponible un montón de dinero ahorrado –o un montón de basura acumulada, que para el caso, como ejemplo, es lo mismo-

En el resto de los casos, tu vida va a ser un constante zigzagueo entre el hambre, y las ganas de comer, como siempre digo. Es ciertamente improbable por otra parte que, viviendo así, puedas ahorrar dinero para gastar en otros proyectos, cualquiera sean estos (un viaje, un coche nuevo, una guitarra, ni siquiera una mísera bicicleta)

Y contra esto, no hay nada que hacerle. O sí: tener claro, desde un principio, a que te vas a dedicar. Si a vivir o a hacer dinero, así de sencillo. En países con una cierta economía estable, es muy común que, por ejemplo, puedas encontrar una oportunidad laboral que te permita hacer ambas cosas, es decir, vivir y hacer lo que te gusta en los ratos libres. En esos mismos países, por seguir con el ejemplo, siempre hay un inversor, con dinero, dispuesto a financiar tus proyectos.

Por ejemplo, te inventas un telefono portátil, y registras la patente (y estoy hablando básicamente de USA o el Reino Unido), si buscas un inversor, lo vas a encontrar. Y quizás en algunos años seas millonario. Cosa que no es tan fácil tampoco: le pasa a algunos, pero al resto no. Es como los futbolistas: hay muchos buenos jugadores dando vueltas por ahí. Pero si quieres ser futbolista profesional, tienes que estar dispuesto a entrenar, revalorizar tu capacidad futbolística, digamos, con otros 200 pibes más. Presentarte a una prueba en un club de fútbol profesional, tener la suerte –para empezar-, de ser fichado. Luego, seguir un derrotero natural por las divisiones inferiores (teniendo la suerte, otra vez, de no sufrir ninguna lesión de importancia que te deje en el camino), y debutar en primera haciendo un par de goles al menos. Así, puedes asegurarte un contrato económico mas interesante que el resto –teniendo, una vez mas, la suerte para ello), y luego tratar de mantenerte jugando en primera –y destacándote-, para tener la posibilidad – si el azar lo permite una vez más- , de que te compre algún club de fútbol importante, y sobre todo, con mucho poder económico-, para poder ir a jugar allí, siempre y cuando debutes haciendo un par de goles, cosa de asegurarte –una vez más-, un buen contrato.

Demasiadas coincidencias o casualidades azarozas, como se puede apreciar. ¿Qué ocurren? ¡Claro que ocurren! Zidane, Pele, Maradona, etc., son todos ejemplos de futbolistas que no tenían otra posibilidad para destacarse en la vida que jugar al fútbol, y la pelota los sacó de la miseria, y los hizo millonarios. Pero son las excepciones que confirman la regla, no la realidad habitual.

Y el mundo sigue girando, lo digo siempre. Pero hay que tener en claro todas estas cosas, para no sufrir en demasía. Saber de antemano que el camino es “largo y sinuoso”, como cantaban Los Beatles. “Que el éxito no te imuniza contra los golpes de la vida”, como decía el mismo Mc Cartney hablando del cáncer que le costo la vida  a su mujer Linda, y que tambien “el mundo está lleno de hijos de puta”, como cantaba Fito Páez, que van a meterse siempre en tu camino para joderte la vida. Sean personas de a pie, gente como uno, digamos, o políticos o gobernantes que van a cambiarte las reglas de juego de un día para otro, y sin avisar, con lo cual puedes pasar perfectamente –y sobran ejemplos -, de tener mucho a no tener nada. O de despertar una mañana – o muchas -, absolutamente estresado o directamente deseperado por no saber adónde fue a parar tu dinero, porque se lo quedó el banco. O que pasó con el, porque te lo licuó alguna hiper inflación.

La vida, en suma. Pero hay que tenerlo claro para no sufrir demasiado.

Y ya para irnos, les dejo algunos pensamientos de Jose Saramago, recientemente fallecido, como para no perder vista ciertos conceptos:

“El autor de “Ensayo sobre la ceguera”, reconoció que no tiene ninguna ilusión respecto a la condición humana, y censuró los intentos de controlar la llegada de emigrantes a Europa. “La necesidad de vivir no puede ser controlada, afirmó, ni con murallas, ni con metralletas…”

El escritor se quejó de la nula atención que reciben los derechos básicos del hombre una vez superados los homenajes del cincuentenario de su declaración universal: “Esperaremos pacientemente a que pasen 48 años más..”, ironizó.

“El integrismo religioso, el egoísmo, la confianza desmedida en conceptos como pueblo, patria y democracia, la globalización o el abocamiento hacia la era de la burocratización total…”, sustentan buena parte del escepticismo del escritor portugués.

Saramago lamentó “la intolerancia de las religiones, que es la más absurda de todas las Intolerancias…”, y mantuvo que “matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino”. Los nacionalismos también tuvieron su reprobación en la intervención del Nobel: “La patria es mucho más el tiempo en que vivimos, que el lugar donde hemos nacido”, aseveró, para luego apostillar que la idea de ser ciudadano del mundo es una tontería, porque “nadie puede ser llamado ciudadano en países como Ruanda, Etiopía o Sierra Leona”.

Para concluir: “Entre las idealizaciones más nocivas está la idealización del Pueblo”, explicando luego que “todo el mundo es responsable de lo que ocurre a su alrededor, aunque muchas veces se haga lo posible para no pensar en ello…”

Y sentenció: “Nuestro poder, que es el voto, no llega a cambiar nada en el poder real, que es el poder económico y financiero…”

Ahí queda dicho.

Hasta otra vez.

 

© Mario Ojeda, Granada, 19/6/2010