Blogia

marioojeda

Mitos y fantasías del oficio de músico

Mitos y fantasías del oficio de músico

Yo sé que a muchos puede llegar a molestarle la siguiente lista que voy a hacer, a propósito de los tópicos y fantasías que envuelven a la música… mejor dicho, y esto debe quedar claro, al oficio de músico, pero me permitiré ordenarlas en una supuesta lista, no sin antes insistir, por enésima vez, que una cosa es la música y otra muy distinta, el oficio de ser músico, sobre todo si, tozudamente, uno insiste en pretender vivir exclusivamente de ello.

Asi que hay va, sin un orden establecido.

1) Tocando en la calle, tenes más posibilidades de que te descubra un productor: FALSO. Eso  pasó una vez, a fines de los 60, cuando –cuenta la leyenda-, Peter Asher se le acercó a un hippie llamado James Taylor que tocaba en el subway, y le ofreció firmar un contrato de grabación –para el sello APPLE, de Los Beatles, nada menos-, lo que significó el comienzo de su carrera. Creo que, estadísticamente hablando, uno puede pasarse 50 años sentado en la calle, tocando en el mismo lugar, y no se le va a aparecer ningún productor, famoso o no, dispuesto a contratarlo. De hecho, se han hecho ya varios experimentos con músicos muy conocidos, que los ponen a tocar en la calle ¡Y NADIE LES DA BOLA! Sean músicos conocidos de rock (con una gorra cubriéndole la cabeza), o concertistas reputadísimos de violín que juntan monedas después de pasarse horas tocando en pleno centro de Londres (Victoria Station, sin ir mas lejos). O sea que:

La gente consume y valora lo que conoce, lo que oye en la radio o ve en la televisión. Por eso hay tantos concursantes televisivos conocidos a nivel masivo, y músicos excelentes, que no se comen ni una rosca. Funciona así, lo siento.

2) Los grandes discos de rock siempre se grabaron de noche. FALSO. Grandes discos se grabaron de noche, grandes discos de grabaron a media tarde, y grandes discos se grabaron de mañana. Pero lo cierto es, mal que les pese a muchos, que de mañana uno tiene los sentidos más frescos para hacer una mezcla, buscar un mejor sonido, una buena ecualización, etc. Obviamente, las voces es mejor grabarlas a cierta hora en que uno lleve un tiempo despierto, no te vas a poner a grabar tu voz  apenas levantado. Pero una cosa no implica la otra. Que alguna vez, algún solo memorable se haya grabado de madrugada, no implica ni mucho menos que todos los buenos discos vayan a  grabarse de noche. De hecho, lo planteo al revés: de noche o de día, si sos una maceta, seguirás siendo una maceta, no hay vuelta de hoja. Lo mismo ocurre con…

3) Los porros me abren la cabeza y me dan más concentración. FALSO. Con ese criterio, cualquiera que fume más de un porro por día, debería ser un genio. Y no macho, no es así. Sos un genio porque sos un genio, aunque primero deberíamos buscar en el diccionario la palabra “genio”, que dice –entre otras acepciones como “mal carácter, temperamental, o deidaes que salen de una lámpara”, por ejemplo, que “genio es una persona con capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables”. Es decir: a) en ningún lado dice que lo que uno invente vaya a servir para algo, sea una tesis evolutia, una canción, un poema o un teorema matemático, y b) Nada dice tampoco de fumarse uno, dos o veinticinco porros para ser creativo. Uno es creativo poque lo es, es como esa leyenda urbana –que él mismo se montó- de que Sabina escribe buenas canciones porque “fuma cigarrilos negros, sale de noche y comparte muchas horas con putas, que le cuentan sus historias”.

Aunque hubiera sido verdad, que me juego un huevo de que no, ni antes ni ahora, hay que dejarlo claro. Sabina escribe bien porque escribe bien, porque se leyó todo y le robó a unos cuántos, hasta encontrar su voz, no sólo para cantar, sino para escribir también. Y punto. Por más que un salga de noche, se acueste todos los días con una tía distinta, y vuelva a su casa a las 8 de la mañana siempre, no va a escribir mejor. A lo sumo, conseguirá que lo echen de su trabajo por ir todos los días dormido. Punto.

Claro, estar fumado –y rodeado de amigos fumados que te aplauden tus chistes o tus canciones, da lo mismo-, no implica que lo estés haciendo bien. No, macho: solamente estás fumado, por eso “te parece” que lo estás haciendo bien. Es como emborracharse, y estar rodeado de borrachos: cualquier boludez que digas, mal o bien, te la van a  aplaudir o a discutir, como si dijeras algo importante. Pero no. Sólo estás borracho, rodeado de borrachos y diciendo boludeces, nada más. Con la música pasa lo mismo, ¿ven?

4) La música, mejor dicho, el arte, es tan importante como la comida. FALSO. Lo siento, esto me ha costado, varias veces, grandes discusiones a lo largo de los años. Pero sigo pensando lo mismo. ¿Qué es más importante? ¿Un plato de fideos calientes o una canción? Los fideos, macho, aunque la canción sea de Mc Cartney. Ya sé, es una discución mas profunda, pero quería arrancar el planteo desde algún lado.Y sigo pensando igual. La canción es una mierda al lado de un par de zapatos o medias en invierno. Lo siento: cuando una sociedad tenga asegurada su subsistencia y demás entremeses del cotidiano vivir, podemos discutir lo otro. Mientras tanto, un guiso de arroz, con papas y carne, sigue siendo más importante que un poema o una canción. O que ciertos poetas o que ciertos cantores. No importe que se llamen Serrat, Machado, Neruda, Lennon, Springteen, o Montoto Pérez. El hambriento necesita comida primero, despues la cultura. O al revés: el desocupado, necesita trabajo. Resuelto el trabajo, con el cual el individuo puede solucionar sus problemas de comida, de abrigo o lo que fuera, podemos hablar de cultura. Antes no.

5) La alternativa de producir tus discos o libros en forma independiente es lo mas seguro o rentable. FALSO. Primero porque, si querés hacerlo bien, una producción independiente implicaría la distribución, promoción y luego la venta del producto que hagas. Si no, solamente tendrás tus libros o discos guardados debajo de la cama, o en un armario, esperando llegara venderlos algún día, para al menos recuperar la inversión. Además, como decía una vez un amigo. “Yo ya me rompí la cabeza escribiendo mi novela… ¿y ahora qué? ¿Se supone que yo debo también gastar mi dinero o mis ahorros editando un libro? No. Que venga un editor, que ése es su trabajo. Yo ya hice el mío. Escribí el libro, bueno, ahora, que lo edite él. O que se quede ahí, esperando a que me muera para que alguien lo edite, como ha pasado tantas veces en la historia, pero a mi que no me rompan las bolas…” Coincido plenamente con él, aún cuando entiendo las motivaciones de los músicos o escritores que se pagan la edición de un producto de su bolsillo. Yo mismo lo hice. Pero no es conducente, eso es lo que quiero decir. Digámoslo de otro modo: uno tiene que hacerlo, si cree en ello o porque “necesita” hacerlo. Pero no esperar a obtener reconocimiento con eso, porque lo más probable es que no pase nada.

6) El cachet de un artista lo determina el mercado o la demanda. FALSO: nunca hubo demanda para un hecho artístico. No a niveles masivos, en cualquier caso. Es decir, si hay alguien que le gusta leer, por ejemplo, es entendible que ese alguien “necesite” comprarse el último libro de Montoto. Pero nada mas, es una necesidad individual. Lo cierto es, no hay demanda para músicos. Y no hay demanda, porque hay mucha oferta: ¡todo el mundo quiere ser artista hoy! ¡O futbolista!, pero estamos hablando de arte. Entonces, no es que los cachets los fije el mercado: los fijan los mismos músicos, yendo a cualquier lado a tocar por nada o muy poco, y pretendiendo que eso que cobra sea su cachet. Peor aún, pretendiendo vivir con eso o de eso. La verdad es que,  parte integral del oficio de músico, es también, cómo no, saber cuándo tocar o no. Cuándo es mejor retirarse y esperar a que los tiempos mejoren. O negarse a tocar por menos de equis dinero. Es uno mismo quien fija su cachet, en suma. ¿Qué la opción es tocar nunca o casi nunca? Bueno, inventate otra cosa, man. Pero no podes aspirar a vivir de la música tocando una o dos veces por mes en un bar por cincuenta euros. Ni acá, ni en Nueva York, ni en Argentina ni en la China. Así no es. En todo caso, me atreveria a decir que, en realidad, la historia pasa por “no dejar tu trabajo a tiempo completo” –como dijera alguna vez Robert Fripp, hasta que no tengas la seguridad de poder vivir de la música”. O aplicar, en cualquier caso –y conozco varios que la aplicaron al dedillo-, la receta de Javier Krahe: “El mejor consejo que le puedo dar a un aspirante a músico, es que se busque una mujer  a sueldo fijo, para la época de las vacas flacas…”

Y hay más mitos dentro del ambiente musical, pero sigo otro día. Ahora me voy a tocar la guitarra.

© Mario Ojeda, Granada, 12/11/2010

Cuestión de confianza

Cuestión de confianza

 

Creo que, en el fondo, todo es una cuestión de fe. Lo digo claramente: de confianza, de fe ciega en lo que uno hace. De creersela –sin que eso signifique mirar a nadie por encima de los hombros- Pero si de creersela, de estar convencido de lo que uno hace.

Conozco ciertamente el sentimiento de sentirse para la mierda, de no ver ninguna luz al fondo del camino, de sentir que todo avanza menos uno, que el mundo sigue girando y nadie se acuerda de uno, ¡pero la vida es así! ¿Saben como se llamaba mi primer disco, el que grabe en 1983, con Lito Vitale en la consola, en el estudio que los Vitale tenían en Villa Adelina y del cual, como nunca se editó, solo tengo una miserable copia en casette? ¡"A pesar de todo"! Porque es así: a pesar de todo. Es tomar la decisición de hacerlo, y de seguir, a pesar de todo y de todos. Mi primer viaje a Europa lo hice a los 37 años, en 1998. Mi primera guitarra medianamente buena -la Squire blanca que aún conservo, made in Korea-, me la compre en diciembre de 1992, ya tenia 31 años y medio... ¡y la pague 500 dólares! Mi hija va mucho mejor que yo, seguro, porque aún no cumplió los veinticino y ya tienen sus cosas, y ha viajado, y ha cantado con equipos de sonido buenos, incluso en lugares piolas, o en algún festival importante, asi que es cuestión de apretar los dientes y seguir, no hay más que eso. ¿Saben que lejos estaba el Mario de 1996, cuando grabó con Moris, de aquel pibe que casi 20 años antes, en 1976, escuchaba a Moris en el radiograbador de su hermana Viviana? ¿Saben que lejos estaba el Mario de 1996, grabando con Litto Nebbia, despues de haberlo escuchado durante años, e incluso haber tocado antes que el, en 1982, para llegar a tener la satisfacción de decir "huy, estoy grabando con Litto”, cuando lo escuche durante años? ¿Saben que lejos está Cordoba, España, viendo a John Fogerty en vivo en el festival Internacional de la Guitarra, en el 2009, cuando yo escuchaba "Ramble Tamble", de los Creedence, a los 13 o 14 años, con los auriculares, en las siestas de Resistencia? Y los Creedence se habían separado en 1972, ni remotamente podía pensar racionalmente que alguna vez iba a poder verlo actuar. Pero pasaron 35 años, o mas, y ahí estaba yo, sentado en el teatro de la Axarquía, viendolo cantar “Fortunate Son”. Todo es una cuestión de fe, de pura fe, aunque parezca inocente.

Por eso tambien siempre digo que el escenario es mi lugar natural, y que solo me siento bien allí arriba, cuando estoy tocando y cantando, ya sea para 20 personas o casi 8000, como en BARock, en 1982. Es igual. Por eso me jode tanto que a veces se le abran espacios, o puertas para subir a tocar, a gente que lleva seis meses tocando, o que nunca tuvo que hacer ningún esfuerzo para llegar a ese lugar. No señor: a mi todo me costó, y me costó mucho mas que a otros muchas veces. Todo: aprender a tocar –no había libros ni metodos al alcance de la mano ni videos en internet-. He pagado –y sigo haciendolo-, un precio muy, muy alto para llegar adonde estoy. Y no me quejo. Pero cuando subo a tocar, o estoy grabando, ahí soy Lennon. No me jodan. Me lo gane. Y quiero disfrutarlo. “Quiero seguir haciendolo, hasta que no pueda colgarme la guitarra, porque este todo dobladito y sin dientes como mi abuelita”, como decía alguna vez David Lebón.

Les Paul, el padre de la guitarra electrica que lleva su nombre, se murió a los 94 años –igual que Andres Segovia-, y hasta ese momento, siguió tocando regularmente todos los lunes en un club. ¿Por qué no puedo aspirar a lo mismo? Hubo epocas en las cuales no tenia ni para cuerdas, o sencillamente, ni siquiera tenía una guitarra, porque mis prioridades eran otras, porque debía darle de comer a mis hijos, y ni siquiera tenía un trabajo estable, pero nunca deje que el arbol me impidiera ver el bosque. Siempre tuve claro mi objetivo. Y allá voy, y allá voy yendo. Porque no quiero hacer otra cosa. Porque tuve la suerte, ya desde mis dicesisiete años, de saber claramente que era esto lo que quería hacer. Porque desde mi primer concierto con público, allá por diciembre de 1980, hasta hoy, han pasado casi treinta años, y porque la ilusión –y la emoción-, siguen siendo exactamente las mismas. Porque estoy es lo que soy, en suma, y nadie podrá quitarme eso. Porque aún conservo una hermosa carta que me escribió mi querida tía Lilián, cuando deje mis estudios de arquitectura por la música, donde, entre muchas otras cosas, me decía dos cosas que siempre tengo presentes: “Serás lo que debas ser –como dicen alguna vez le dijera el general San Martín a Facundo Quiroga-, o sino, no serás nada…” Y la otra es muy fuerte: “Quien trabaja con las manos, es un obrero. Quien trabaja con las manos y la cabeza, es un artesano. Pero quien trabaja con las manos, el corazón y la cabeza, ese es un artista…”

Porque “quien mas ha vivido, tiene mas cosas para ofrecer cuando toca…”, como alguna vez dijera Rodolfo García, el ex baterista de Almendra, en un reportaje de la revista “Pelo”, cuando los Aquelarre se volvieron de España a la Argentina para despedirse con un concierto en el Luna Park, en 1977. Porque, tambien en palabras de Rodofo, en una carta pública que le escribió a Miguel Grinberg, por entonces editor de la revista “Canta rock”, allá por 1984: “Puedo no ser un habitante de la zona de lucidez implacable, como otros, pero no soy un boludo, eso te lo puedo asegurar…”

Porque conozco mucha gente que “ha sido famosa, ha vendido 30.000 discos, ha firmado autógrafos, ha hecho giras…”, y hoy está manejando un taxi, pero yo no, yo sigo tocando. Cuando muchos otros dejaron sus sueños olvidados en un cajón, o la guitarra colgada en un ropero, yo sigo tocando. Porque “la guitarra del joven soldado”, como cantaba Silvio Rodríguez, sigue siendo mi fusil. Y yo trabajo detrás, pero tambien delante de la guitarra. Porque podrán sugerirme muchas cosas, pero yo voy hacer haciendo lo que mi intuición y, sobre todo, mi corazón me indique.

Bueno, que iba para otro lado la crónica, y terminó acá, pero creo se deja leer. Hasta otra vez.

 

© Mario Ojeda, Granada, 25/7/2010

Concretando parte 4

Siempre hablamos de este tema con mi hermano Gustavo: que si tiene mas huevos el quedarse, o el irse de un lugar. El piensa que tiene mas valor quien decide irse, yo, en cambio, no estoy tan seguro. Tiene que ver con muchas cosas. Con la disponibilidad de medios que uno tenga para desarrollarse en su lugar de origen, digamos, y eso para empezar. Quiero decir, hay mucha gente que nace, vive, y muere en Quitilipi, por ejemplo. No pasa nada. Está todo bien. Es una elección de vida, ni más ni menos que eso. Además, las prioridades van cambiando, siempre, y eso determina y condiciona muchas veces el devenir. Quiero decir: hay mucha gente que aún piensa que yo me fui del Chaco buscando fama y fortuna. Entonces, no lo dicen ellos, lo digo yo: desde ese punto de vista, debería considerarme un fracasado, directamente. Porque no me volví famoso y mucho menos millonario.

Pero, la verdad verdadera, parafraseando a Lalo de los Santos, es que, cuando yo me fui de Buenos Aires allá por agosto de 1984, para radicarme en Gesell, decepcionado con lo que yo esperaba fuera el ambiente del rock porteño, ya el ser famoso y millonario me importaba un comino. A ver, para situarse mejor: a partir del nacimiento de mi hija Marianela, en noviembre de 1985, ya todo eso me importaba tres cominos. Tenía otras prioridades, y estaba feliz con ellas. Ni hablar a partir del nacimiento de Gonzalo, en 1989: solamente quería estar con mis hijos, cuidarlos y disfrutarlos, sin que eso significara que me había olvidado de mis sueños. “El tiempo está de mi lado”,  como cantaban los Stones. Siempre estuvo de mi lado, siempre lo estará. Por eso me vine a España con casi 42, a una edad y en un momento en el cual muy pocos se animarían a iniciar ese viaje. Papá me lo dijo: “Mirá que no es lo mismo los 20 que los 40…” Yo, simplement sonreí y le conteste: “Vos quedate tranquilo, se pefectamente adonde voy…”

Sigo pensando lo mismo. Y acá si coincido con mi hermano Gustavo, lo mismo que coincidía allá por 1983 con un trovador rosarino, Enrique Carne, a quien le molestaba sobremanera la actitud de algunos coleguillas suyos, trovadores tambien, que preferían quedarse en Rosario, porque sencillamente preferían ser conocidos en su ciudad, antes que empezar de abajo, y ser anónimos en una ciudad como Buenos Aires.

Ese es el desafío. Esa es una gran cuestión tambien. ¿Se quedan porque prefieren eso? ¿O porque sencillamente le encontraon la vuelta y pueden desarrollarse desde su ciudad? Ejemplos nordestinos hay varios: Zitto Segovia, Coqui Ortiz, Mario Bofill… ¡quizás yo mismo hoy me hubiera quedado!, de haber tenido elementos mínimos para trabajar: un sistema de sonido, la internet… Ahora bien. ¿Es esto realmente así? ¿O acaso tiene razón Gustavo cuando afirma que no tienen valor para zarpar? Pero no digamos valor, mejor. Ya dije que esto no es una competencia. Digamos, cuesta zafar de la comodidad. Es mas cómodo ser de un lugar y quedarte allí, así debería ser siempre, en cualquier caso.

Quiero decir, desarrollarte en tu lugar de origen, hacer tus cosas, y viajara cada tanto para oxigenarte, para cambiar el aire. Personalemente, tengo en claro que, de no haberme ido, no hubiera conocido nada, o casi nada, de lo que conozco. No hubiera tocado con la gente que toque, o pude compartir un escenario o un estudio de grabación. O sentarme a comer en su mesa, o simplemente visitar a algunos, y tomar un café. Esta es la única verdad de la milanesa. Como tambien es cierto que, el irme para mi, significó demostrar (y sobre todo, demostrarme), que tenía con que. Nunca me agache ante nadie (aunque mas de una vez, como decía Serrat, “tuve que darle la mano a gente a la cual en el fondo no hubiera querido saludar…” Pero así son las cosas. Y quien este libre de culpas, que arroje la primera piedra.

Por eso hoy grabo lo que place, aunque no sea famoso ni millonario. “Que bueno lo que estas haciendo en España…”, me escriben algunos vía mail. “No estoy haciendo nada, man…”, les respondo. Lo que ves, es apenas una partecita de lo que en verdad podría hacer. Pero debo arreglármelas solo, porque siempre ha sido así. Yo nunca tuve detrás una discográfica multinacional, un partido político o un gobierno que me apoyase.

Recuerdo años atrás, una vez, caminando por Fontana con mi tía Lilián, pasamos frente a la escuela de allí, y me dijo: “Acá vino a cantar Zitto Segovia hace un mes. El siempre hace cosas así, viene y canta gratis para la gente…” Yo sonreí y le dije: “Yo no canto gartis. Sobre todo, porque no puedo. Pero Zitto tampoco, ¿eh? A el lo financia el partido, es asesor cultural del gobernador, cobra un sueldo por eso, tiene contrato con Lotería Chaqueña, le pagan los viajes, un cachet, el tampoco canta gratis…” Y que conste que no estoy criticando a Zitto, era mi amigo, por eso sencillamente puedo hablar. Pero las cosas como son.

Como decía alguna vez John Lennon, “yo puedo criticara Los Beatles, porque soy uno de ellos. Pero Mick Jagger no, que no hable de nosotros. Que hable de los Stones si quiere, pero no puede hablar de nosotros. Toda esa gente que opina de afuera, y que se piensa que sabe algo de todo esto. Es  mentira: nosotros somos Los Beatles. Cuando empezamos, eramos nosotros cuatro,  nadie más. Despues vinieron Neil –el chofer-, Mal –el asistente-, Epstein –el mánager-, George Martin -el productor musical-, y todos los demás. Pero al principio, eramos solamente nosotros cuatro, los que tuvimos un sueño…”

De eso se trata, en suma. De tener un sueño, un propósito, y mantenerse en el camino. Cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. Si sale, mucho mejor. Pero si no, al menos disfrutaste del camino. Los Gatos aterrizaron en Buenos Aires, con apenas 17 años promedio, o al menos, esa era la edad de Nebbia entonces. Y grabaron cinco años despues, con 22. Cinco años es mucho tiempo, para estar malviviendo de la música. Pero los tipos se la bancaron, y les salió bien. Los Almendra tuvieron la suerte de ser editados cuando Spinetta tenía apenas 20 años –aquel famoso primer disco con la tapa del payaso y la sopapa en la  cabeza-. ¡20 años! ¡Y los editó la RCA, nada menos! En una epoca en donde, por el simple hecho de ser editados, ya tenías prensa, difusión radial, todo. Claro, había que tener talento, además. Y el flaco lo tenía, sino, no seguiría cantando aún hoy. Spinetta, ojo. Los demás, es otra historia.

Es como Mc Cartney, que fue un Beatle, si. Pero el tio siguió. Y siguió, y siguió, y sigue. Los otros se hicieron jardineros –como George Harrison-, o simplemente se dedicaron a vivir su vida –como Ringo-. No pasa nada, está todo bien. Simplemente quiero remarcar que siempre debe haber alguien que tire del carro, que haga de caballo de tiro, digamos. El tiempo siempre pone las cosas en su lugar. En retrospectiva, el mismo Lennon, a quien adoro, ojo. Pero el tipo nunca tuvo un número uno. “Imagine” llegó al número 2 en los USA. Despues de muerto, no, claro está. Pero estoy hablando de antes. Mc Cartney, en cambio, tuvo varios números uno. Con Los Beatles, con los Wings, como solista. Ha ganado Grammys, ha hecho giras records, y sigue llenando estadios aún hoy, con casi 68 años. No es joda eso. Pero es que el quía está en otra liga, que duda cabe.

La seguimos otro día.

 

© Mario Ojeda, Granada, 21/8/2010

Concretando parte 3

Suele causarme mucha gracia, ya que hablamos de concretar, cuando me cruzo a algún músico amigo o conocido, y me dice “estamos grabando un disco…” Uh, que bueno, es mi respuesta. ¿Y adónde? ¿En la sala de ensayo? “No, para nada. Lo estamos grabando en los estudios pirulo, empezamos ayer…” A los diez días me lo encuentro: “¿Y? ¿Que tal quedó el disquito?...” No, pará. Lo estamos grabando. Estuvimos una semana grabando las bases, y ahora tenemos que ahorrar un poco mas para poder seguir grabando, ya sabes, las guitarras, luego las voces…” Ah, suele ser mi respuesta (aunque por dentro pienso: ¿Quiénes son? ¿Los Pink Floyd?...)

Parece mentira, pero hay gente que aún hoy se endeuda para grabar un disco. Para colmo, un disco de canciones. Que se yo, dos guitarras acústicas, dos voces… ¿para que tanto lío con el estudio? ¿A quien le importa donde lo grabaste? A veces, hasta toman un credito bancario para pagar la grabación… Y despues, cuando terminan de grabarlo, todavía les queda masterizarlo, luego hacer las tapas, luego mandarlo a fabricar… ¡y ya a esta altura se quedaron sin dinero! Y finalmente, reciben las cajas con los discos, y ahí se quedan, debajo de la cama del guitarrista o el cantante porque, claro, hay que venderlos uno a uno… ¡si ya no les quedó dinero para pagar un pautado de difusión mínimo!

Hablando de concretar: la gran mayoría de los discos históricos del rock, se grabaron en un par de días. Los tres o cuatro primeros discos de Presley, de Los Beatles, el primero de Led Zappelin… Los tipos iban, hacían su trabajo, y a volar, pasaban a otra cosa. “Nunca me gustó perder tiempo en un estudio…”, decía alguna vez DJ Fontana, el legendario baterista de los primeros catorce años de Presley. “Todos los discos de los Creedence se grabaron en una semana…”, contaba John Fogerty alguna vez. “Lunes y martes las bases; el miercoles las voces, el jueves los solos o cualquier otro arreglo que se nos ocurriese –un piano, un hammond, un saxofón-. El viernes mezclábamos, y listo. Eso era todo. Ningún disco de los Creedence tardó mas de una semana en grabarse, ni costó mas de 2000 dólares…” ¡Y han vendido millones de discos!

Incluso los Creedence, al principio en California, tenían una frase que se habían inventado, y que, como me gustó, he tratado siempre de aplicar en mi: “Just do it or forget it…” –hazlo u olvídalo- De eso se trata, de concretar. Los Creedence tenían otra frase tambien, inamovible: “Clear, clean and bluessy” Claro, simple y blueseado. Nada de andar complicándose la vida. Como decía alguna vez el gordo Rafael Amor: “Si tiene tres tonos, es una canción. Si tiene cuatro acordes, ya es jazz. Con cinco… ¡es una sinfonía!” Exageraba, por supuesto, pero esa debería ser la actitud. Estamos hablando de música popular, que se pueda cantar, tararear, silbar, recordar fácilmente. Cualquier solo de Geroge Harrison es un buen ejemplo de ello, y por eso sus solos, su forma de tocar la guitarra, fue tan reconocible y reverenciada. Todos los grandes solos de guitarra de la historia del rock, pueden recordarse y cantarse. El solo de “Hotel California”, por ejemplo. O el de “Something”, del mismo George Harrison. ¿A quien le importa a tecnica, las marcas, los spónsores? Me decía hace unos meses Antonio Alvarez, mi compañero en Los Trovamundos, un guitarrista bárbaro, y apasionado como todos los guitarristas: “Una vez fui a ver un concierto de Steve Vai: nunca me aburrí tanto en mi vida…” “¡Pero tambien vi a los Stones dos veces! Lo mismo que a Mc Cartney o a Sting … ¡y eso ya es otra cosa!” Es así nomás. No estamos hablando de música dodecafónica, menos aún de cirugía cerebral, o física cuántica. Estamos hablando de música popular, de simples tonadas arregladas para que un grupo las cante o las interprete.

Ojo, tampoco puedo negar la necesidad de estudiar. O de tratar de hacer mejores cosas cada vez. Eso debería quedar claro. Es mejor, mucho mejor, saber leer música que no saber hacerlo. Pero, saber leer música en un pentagrama, no te hace mejor músico. Es como el chiste, ¿no? “¿Cómo hacer para que un guitarrista deje de tocar entre tema y tema en los ensayos? ¡Ponerle una partitura adelante!...”  O sino, “¿cómo evitar que un pianista deje de tocar entre tema y tema…? ¡Sacándole la partitura!

De todo esto hablo cuando se trata de concretar. A doña Rosa, que escucha música mientras lava los platos o limpia las ventanas, no le interesa en que estudio fue grabado lo que está escuchando. Es incapaz de diferenciar, por otro lado, si lo que escucha es un piano electrico, uno acústico, o el último sintetizador o sampler que inventaron los japoneses. No. Para ella, para todos, en verdad, lo que le gusta es recordar la canción, poder tararearla, que la letra le diga algo. Miren sino a Roberto Carlos, maestro, quien lleva más de 40 años haciendo una música sumamente popular en toda hispanomerica. O Serrat, o el mismo Joaquín Sabina. Habrán sabido rodearse de los mejores músicos, de los mejores arregladores, claro está. Pero la gente, básicamente, lo que recuerda son sus canciones, sus letras, sus melodías. No en que estudio fueron grabadas, o en que tono está la canción. Lo único que importa es la música, al fin y al cabo. Eso es lo que queda, nada más. No la lucha de egos, de miserias humanas, de dinero o falsedades. No. Sólo queda la música, y eso es lo verdaderamente importante, al fin y al cabo.

Con los pasos a seguir, en producción, pasa exactamente lo mismo. Ahora hay  “cursos de gestión cultural”, incluso algunos hasta de nivel terciario. Y, básicamente, lo que te enseñan con bellas palabras o palabras tecnicas, no es ni mas ni menos que lo que ya sabes desde un principio. Primero, debes tener una idea de que es lo que quieres producir, que es más o menos lo mismo que decir: “debes tener en claro que es lo que quieres hacer”. Luego, usar la cabeza para lograr que eso que quieres hacer, además de salir bien, bien el sonido, bien las luces, bien la organización, bien todo, en suma, tambien te deje dinero. Porque invertir tiempo y esfuerzo en algo que no te deja dinero, bueno, puedes hacerlo una vez. Quizás dos o tres veces. Pero al final, te cansas y dejas de hacerlo. Y no es esa la idea, ¿no?

Da para seguirla con más tiempo. Salute.

 

© Mario Ojeda, Granada, 21/8/2010

Concretando parte 2

A los músicos en general, y vaya novedad, lo que les gusta es hacer música. Es decir, a los guitarristas, les gusta tocar la guitarra. A los pianistas, tocar el piano. Y así con todos. Eso es hacer música, básicamente. Ocurre que, cuando uno quiere empezar a salir a mostrar eso que hace, se encuentr con que, ¡uop!, no era tan fácil el asunto. Para empezar, digamos, y suponiendo que uno haya estado ensayando varios meses con una banda, y quiera salir a mostrar su repertorio por ahí, lo primero que se le ocurre, generalmente, es ir a tocar a un bar. Asi que ahí va el musiquito, ilusionado, con un CD demostración de la música que hace, a ver al dueño del bar. Despues de varios desencuentros, logra que el tipo lo atienda: “Así que vos sos el que me estaba buscando. Bueno, ya me encontraste, decime…” Todo esto, por supuesto, desde una posición desentendida y distante, del otro lado de la barra, generalmente, con ese aire de “yo soy Bill Graham” –el legendario productor norteamericano, dueño de los teatro Fillmore este y oeste, en Los Angeles, quien dio el pistoletazo de salida a tantas y tantas bandas, como los Creedence, Santana, los Cream, Led Zeppelin, y una larga lista-, “a ver que tenes para mostrarme”. Asi que el pibe le dice: “este es el demo de mi banda, escuchalo, a ver que te parece, nosotros hacemos tal y tal música, bla, bla…”, y el tipo agarra el CD, lo deja detrás suyo, junto a una pila de CD que nunca escuchó y que jamás va a escuchar, y le dice: “Pero, ¿Uds. traen gente? ¿Cuántos amigos pueden traer?...” Porque al tipo, en realidad, lo que le interesa es vender cervezas, no si el grupo en cuestión hace buena o mala música. No. Eso le importa un comino. Lo que quiere es gente en su bar, si son jóvenes y grandes bebedores, mucho mejor. A lo cual, el pibe responde: “No, mirá, nosotros estamos empezando. Nos conoce poca gente, asi que eso no te lo puedo garantizar. ¡Pero sonamos bien! Hacemos buena música, una mezcla de…” “Mira, pibe…”, le espeta el santo varón. “Cuando sean más conocidos y me garantices un lleno, yo te doy una fecha. Mientras tanto, te tengo que cobrar. Es decir, vos me garantizas tanto dinero de entradas y consumiciones, y de ahí en adelante, la diferencia es para ustedes. Pero, mientras tanto, el alquiler de la sala es tanto…”, mientras el músico, o aspirante a serlo, mira a su alrededor y lo que ve es un bar de no mas de 40 metros cuadrados, un pedorro bar con mesas, sillas, cuatro bombillas y una barra, con una especie de taburete como supuesto escenario al final del salón, de dos o tres metros cuadrados, elevado un poco del suelo –muchas veces, ni siquiera eso-, y piensa: “¿Que estoy hablando yo con este tio? ¿Rompiendome los cuernos para consegir una fecha acá, en este barsucho que dice tener sonido, y hay solo una mesa de 6 canales con dos micrófonos y un par de cajas –cuando las tienen-, sin monitores, sin pies de micrófono, sin nada prácticamente, y el tipo se pone en rol de productor? ¿Qué catzo estoy haciendo?...”

¡Bienvenido al mundo real, caballero! Así son las cosas. Ocurre que hay demasiada oferta para tan poca demanda. Es decir, hay demasiados músicos dando vueltas, desesperados por tocar, y pocos lugares donde hacerlo. Peor aún, son contados con los dedos los lugares o salas “dignas” donde poder mostrar tu música. ¡Pero así es la vida!

En cualquier caso, siempre es, básicamente, una simple cuestión de perspectiva… ¿un ejemplo? Yo llevo más de 30 años dando vueltas con esta historia de la música, y ahora vivo en España. Supongamos que, por un error garrafal de concepto, yo tuviera el dinero suficiente para viajar a la Argentina, y me propusiera tocar. Y pensara, erróneamente: “Con todos los años que vengo haciendo esto, conozco a un montón de gente, a un montón de músicos. Asi que, ya que tengo el dinero, voy a contratar a 5 músicos, voy a armar una banda que suene bárbaro y, aprovechando el viaje a la Argentina, voy a alquilar el teatro Gran Rex, voy a gastarme una pasta en radio, televisión y cartelería, y lo voy a llenar…” ¡Error! ¡La verdad es que no me conoce nadie! ¡La verdad es que a nadie le importa lo que hago, sencillamente porque la mayoría de la gente ni siquiera sabe que existo!! Y además, aunque lo supieran… ¡no les importa! La gente, simplemente, anda por la vida viviendo, mirando a Tinelli por televisión, escuchando los partidos de fútbol los domingos, o prestándole atención todas las boludeces que dicen los políticos argentinos –y acá tambien-. La gente esta preocupada por trabajar, por comer, por tener un sueldo que les alcance para llegar a fin de mes, y si es posible, tomarse quince días de vacaciones una o dos veces por año. Eso es lo que verdaderamente a la gente le importa. No están preocupados por “descubrir” a un nuevo artista… ¿y entonces? Entonces, es al reves: se trata de encontrar un trabajo que te de comer, igual que a todos. Juntarte con músicos que tengan un proyecto y llevarlo adelante. Disfrutar los ensayos, y disfrutar cada concierto que consigas en cualquier boliche o teatro de por allí. Y hacer esto durante dos, tres, o cinco años. Ya en ese tiempo podrás ir apreciando si tu propuesta musical tiene adeptos o no. Si a tus conciertos va cada vez mas gente (o menos). Si despues de un par de años, puedes plantearte y decir: “Vale, hasta acá llegamos. Basta de tocar en pubs y de compartir fechas con otras bandas. De aquí en mas, vamos a tocar solos, por la noche, y solamente en teatros…” Y si, a partir de ahí, ves que cada vez que haces un teatro de, digamos, 300 o 400 personas de aforo, se llena. Y luego haces otro a los dos meses, y vuelve a llenarse. Y a la vez, te llaman para entrevistarte en distintos programas de radio. Quizás alguna vez para actuar en televisión. Y sigues llenando un teatro cada dos o tres meses… bueno, quizás recien allí, y sólo quizás, puedas plantearte seriamente la idea de hacer un teatro Gran Rex –recuerda: 3500 personas de aforo), aunque, personalmente, quien esto escribe trataría de hacer primero un ND Ateneo (800 personas), quizás un segundo. Si ambos se llenan, hacer un teatro Coliseo (1500 personas), quizás otro. Quizás despues, un teatro Brodway (algo mas de 1500 butacas) para despues, finalmente, si ese tambien se llena, plantearme hacer un Opera o un Gran Rex, sencillamente porque no se pueden saltear escalones en una escalera. Porque, indefectiblemente, cuanto mas rápido se sube, más rápido se baja (y hay cientos de ejemplos de artistas argentinos y españoles,  los cuales les pasó exactamente eso: subieron muy rápido, y despues bajaron muy rápido tambien). Y porque, en definitiva, ¿adonde quieres llegar? ¿Es acaso un concurso de velocidad esto? ¿Una carrera de 100 metros llanos, a ver quien es más rápido?

No. Se supone que estábamos hablando de música, de arte. De algo que te va a acompañar toda la vida, incluso va a permanecer grabada en distintos formatos una vez que ya no estes.

Entendiendo esto, teniendo claro esto, puedes empezar a plantearte seriamente asipirar alguna vez a ser un profesional. Aun cuando esto, debo decirlo tambien, incluya un altísimo componente de azar o imprevisibilidad para cumplirse.

Pero es bonito intentarlo, claro que sí.

Hasta otra.

 

© Mario Ojeda, Granada, 21/8/2010

Concretando parte 1

Me decía una amiga, vía mail, días pasados: ¿Por qué te pones tan serio en las crónicas que escribes? Vos no sos así…” “¿Cómo que no soy así…”, le respondí. “Una cosa es que sea jodón, que me tome la vida en solfa, que me ría, que haga chistes o comentarios irónicos, que sea sarcástico muchas veces, pero ¡este es mi trabajo! Esto es lo que hago, lo que soy, en suma. No puedo no ser serio con esto…”

Viene esto a cuenta porque muchas veces no se entiende mi trabajo. Mi novia misma, por ejemplo, muchas veces se queja porque no me quedo a boludear en la cama antes de levantarme un domingo por la mañana. No. Pongo el despertador y me levanto, porque tengo cosas que hacer. Siempre tengo cosas que hacer. Por eso no me alcanza el tiempo para hacerlas. Y otros muchos, muchas veces tambien me preguntan: “¿Pero cómo haces para estar todo el tiempo haciendo cosas…? “Durmiendo poco”, les contesto. ¡Porque es la verdad! Ya tendre tiempo para dormir, más adelante. Ahora no. Ahora no puedo hacerlo.

Por eso me enferma cuando propongo proyectos y me dicen: “No, ahora no puedo. Estoy liado con muchas cosas: mis hijos, la casa, mi mujer…” ¡Y yo tambien, boludo! ¿Qué crees? ¿Qué vivo en una burbuja? Pero solamente dedicándole tiempo, y poniendole huevos al asunto, es cuando salen las cosas.

Esto me pasaba ya hace casi treinta años, allá por 1981, cuando empece a producir mis primeros conciertos. Nos reuníamos en casa del Pucho Galasso, y nos repartíamos la tarea: “Vos, Tino, ocupate de los carteles. Vos, Hugo, vas a encargarte de llevar gacetillas a las radios. Vos, Chili, vas a averiguar dos o tres presupuestos de sonido, a ver cuál podemos contratar. Yo me ocupo del lugar y si hay que alquilar sillas, a ver si puedo conseguirlas prestadas… Pasaba una semana, nueva reunión, y yo preguntaba. ¿Hiciste tal cosa? “No, no pude. Tuve que ir al dentista, aparte tuve una semana de mierda con mi novia, o me salió un callo, que para el caso era lo mismo. “Ok”, repondía. “Ya me ocupo yo…” Y a la semana siguiente estaba todo más o menos encajado. Obviamente, los disculpaba, eran mis amigos, y lo hacían básicamente por seguirme la corriente, por apoyarme, en suma, porque en el fondo, no era esto lo que realmente les interesaba hacer. ¡Pero si a mí! Y sigue siendo así, en cualquier caso.

Uno no puede tampoco pasarse la vida esperando que otros hagan las cosas por uno. Como le dije a mi hija Marianela hace unos días, charlando por telefono: “Vos tenes que buscarte un trabajo que te de comer, no estar pendiente de mi. Lo otro, si debe venir, vendrá despues…” No, me dijo, medio en joda, medio en serio, cuando vos seas famoso y millonario, me vas a mantener y yo voy a seguir haciendo lo mío… “Para nada”, le dije. “Primero, porque a esta altura es absolutamente improbable que yo sea famoso, y mucho menos millonario, salvo que gane la lotería. Y como no juego, va a ser muy difícil, realmente…”

De eso se trata. De ponerse metas cortas, realizables, y llevarlas a cabo. Esa es una primera y correcta forma de avanzar. Una vez cumplidas, proponerse nuevas metas, y así sucesivamente.

Queda claro, desde un principio, que quien esto escribe no tiene todas las respuestas. Ni siquieras algunas respuestas correctas. Tengo ideas, que luego traslado al papel. Y me expongo claro está. Como a las burlas. O a las críticas o elogios, de quien pueda leer esto, o le dedique un poco de atención. Pasa lo mismo con las canciones. Uno escribe una canción y se expone. Sea una simple canción para su madre, su novia o algún amigo, uno se está exponiendo. Sólo por eso debería tener valor. Porque, además, y esto es dolorosamente cierto, uno debe tener valor para hacerlo. No cualquiera, en suma. No cualquiera se atreve.

Y el asunto pasa tambien, esto quería decirlo, porque no preocuparse tanto por la vida de los demás, sino usar todas las energías posibles para hacer lo que uno tiene que hacer.

Pasa como ahora con Cristiano Ronaldo: “Que si el tío es gay, que si pagó a una madre de alquiler para tener un hijo, bla, bla…” Eso: bla, bla. Cada uno hace de su culo un pito –nunca mejor dicho en este caso, valga la aclaración- Dejenlo vivir su vida. ¿No es acaso un jugador de fútbol? Bueno, ¡dejenlo jugar! ¡Eso es lo que tiene que hacer! ¿A quien le importa o debería importarle lo que hace con su vida? –o su culo, por decir algo-

Con los músicos o aspirantes a serlo, ocurre más o menos lo mismo. Con el tiempo, cuando más o menos puedes tocar un instrumento, te das cuenta de que la gracia es tocar con gente. Que este viva, que sienta, que huela, que transpire, que sonría con vos cuando estás tocando. Así que decides formar un grupo. Pongamos algo simple. Un dúo acústico, a dos guitarras y dos voces, para tocar en bares. Escribes las canciones, te aprendes algunas versiones –porque el público tambien quiere escuchar canciones conocidas, que hasta Los Beatles lo hicieron la principio-, y luego decides salir a buscar bares para tocar, para empezar a mover el asunto. Y resulta que vas a un o, y el tipo te dice que si, que está bien, que vengas a tocar a su garito. Pero que el no tiene sonido, que tienes que traerlo vos. Cagamos. Así que a ahorrar otra vez, para comprar un pequeño equipo de sonido. Bueno, pasa el tiempo, lo tienes. Y al primer concierto consigues que un amigo te ayude a cargarlo hasta el lugar del show. Pero al segundo no, porque no puede, porque no tiene ganas, porque prefiere quedarse en casa de su novia viendo una película por TV. Entonces descubres que necesitas un medio de transporte. Un coche, bah. Porque así, además, puedes ampliar el rango de acción, y buscarte bares para tocar en pueblos vecinos. Así que a ahorrar otra vez. Y te compras el cochecito. Y luego no te pagan lo suficiente, y te das cuenta de que, con lo que cobras, apenas te alcanza para cuerdas y la gasolina que gastas.

Pero uno tiene ganas. Y sigue intentándolo. Y descubre que, para conseguir conciertos, debes tener una pequeña reseña de tu grupo, una carpeta con fotos, recortes de periódicos, de ser posible un disco on 4 o 5 temas. Así hay que grabarlos, ¡recórcholis! – y eso que ahora puedes grabar en la sala de ensayo, con un simple ordenador, que antes no se podía- Y tienes la grabación, y ya que estas, te enganchas, y piensas: “Bueno, tenemos 4 temas, grabemos 6 u 8 mas, y ya tenemos un disco, que podemos  vender en los conciertos…” Y sí, pero debes recurrir a una imprenta, para hacer unas tapitas, con algo de color, porque la gente tambien compra por lo que le entra por los ojos, asi que… ¡a recorrer imprentas pidiendo presupuestos!

Pero, claro, no te vas a conformar con vender 2 o 3 discos por show. No, mejor, busquemos una distribuidora. Y buscas, y la encuentras, y ahí te dicen: “De nada sirve que nosotros distribuyamos tus discos en las tiendas, sino tienen difusión radial, no los conoce nadie. Asi que sus discos, como nadie los juna, no se van a vender…” ¡Mierda! Y uno que creía que este era un sencillo asunto… Ahí es cuando empiezas a recorrer discográficas, buscando que alguna se interese en lo que haces, y te edite. Y a veces algunos lo consiguen –cada vez menos, en verdad, porque ya no se venden discos, y felizmente están todas fundidas- . Pero les editan el disco sin difusión, entonces, al cabo de unos meses, les devuelven el contrato, “¡porque no vendieron nada!...” Es lógico, piensa uno, ¡si no se enteró nadie! Y para esta altura, ya pasaron cuatro o cinco años, y estamos como al principio, o peor, porque estas mayor, y mas cansado, y tienes cada vez menos ganas de ir a tocar a un boliche cualquiera por dos mangos… Y es acá cuando la mayoría de los grupos se desbandan, porque, ¿para que seguir? ¡Porque es lo que querías hacer, boludo! ¡Que nadie te puso una pistola en la cabeza para que lo hagas! ¡Debes seguir haciendolo porque es lo que te gusta, lo que te mueve, porque es tu vida, en suma!

Pero no todos lo sienten así, que tambien es justo decirlo. Aunque esto ya sea motivo de otra crónica.

Hasta más ver.

 

© Mario Ojeda, Granada, 7/8/2010

Produciendo 8

Produciendo 8

Asi que sigamos un poco más. Producir no es mas, como me decía alguna vez Alberto Lucas, que el pomposo nombre que se le da a tener una idea, y luego llevarla a cabo. Si además deja dinero, tanto mejor. Pero no es más que eso. De hecho, muchas veces se hacen cosas –y esto es primordial en producción: tener en claro para que catzo vas a hacer tal cosa-, no porque vaya a dejar dinero –aunque arriesgues cierta cantidad de dinero para hacerlo-, sino porque, si sale bien, con el sólo hecho de no perder pasta, ya puedes jugar en otro nivel.

Les pongo un ejemplo concreto. Cuando llegue a Granada, a principios de 2003, preguntando, preguntando, aterrize en La Tertulia, el bar emblemático de los cantautores granadinos. Y allí me quede, un poco bastante porque no había –ni hay ahora tampoco-, mucho más. El tema es que, entro, y veo que no cobraban entrada, y que tocaban sin amplificar, con guitarras criollas, a pelo, como dicen por acá, y yo me decía: “¿Y esto? ¿Qué es esto? ¿Qué tiene que ver esto con el rock?...” Nada, evidentemente. Si hubiera aterrizado en “El Ruido Rosa”, el bar donde suelen juntarse los “indies” granadinos, seguramente me hubiera conectado con otra gente pero, bueno, aterrize allí. Asi que me dije: “Y bueh, tendremos que empezar a producir…”, aunque no tenía ni cinco de ganas. Pero lo hice. Sin ganar un mango. Casi dos años produciendo conciertos en un teatro de un barrio granadino, el Zaidín, a pocas calles de donde se hace todos los años el Festival de Rock del Zaidín, uno de los más longevos de España. Un teatro. Con sonido, con luces, donde se cobraba una entrada, donde las guitarras podían enchufarse a cajas de inyección, donde podías ponerle un poco de reverb, un poco de delay, un poco de chorus, tanto a  las guitarras como a la voz. Como al principio no funcionaba mucho, en cuanto a público, empece a programar dos cantautores, y dos grupos de rock. Dos años despues, había pasado por allí un montón de gente que hoy empieza a ser reconocida en toda España –Zahara, Ana Lógica, Fran Fernández, Jose Antonio Delgado, los chicos de la BBC, etc.) Nunca gane un mango, insisto. Pero me sirvió para hacerme chapa de productor, para demostrar que se podía. Hoy, casi todos ellos han grabado discos, tocan con sonido, y andan mostrando sus canciones por toda España. Al cabo de dos años, como les decía, empezó a llamarme gente de otras provincias, para que les organizara conciertos, atento a lo cual, claro está, empece a responder. “OK, pero yo cobro tanto…” Fin de la historia. Nadie quería pagar para que le produjera sus conciertos. Y yo respondía: “perdón, flaco, pero este es mi laburo. Sino, hacelo vos…” Curiosamente, muchos de ellos hoy pagan un alquiler para tocar en salas, que incluye, como es lógico, sonido, luces y taquilla. Algo avanzamos. Está todo bien. No pasa nada. A mi me sirvió. Y de eso se trata. De saber que (en un principio), lo que vas a hacer, sino va a dejarte dinero, que al menos te deje algo. Sobre todo, si ese algo es lo que vos pretendías desde un principio que te dejara.

Esta historia no era nueva para mí. Cuando empece a tocar en público, allá por diciembre de 1980, como no había demasiados lugares, hice exactamente lo mismo. Me invente un lugar. Hable con la madre de un amigo, a la sazón, vicedirectora de una escuela, y le dije: “yo quiero organizar conciertos allí, y les dejo dos pesos de cada cinco a la cooperadora del colegio…” Me dijo que sí, obvio, y esos fueron los casi legendarios conciertos en la Escuela 33, en Resistencia, Chaco, mi ciudad natal, por donde pasaron todos o casi todos los que andaban dando vueltas con la música entonces. A mi me sirvió. No gane dinero, pero si un lugar para tocar, cobrando una entrada, con sonido, unas pocas luces. Pero demostre – y me demostre-, que se podía hacer. Meses despues, ya estaba abriendo los conciertos que dieron en Resistencia gente como Nebbia, Porchetto, Baglietto o León Gieco.

Años despues, allá por 1990, o 91, viviendo en Villa Gesell, volvió a ocurrirme lo mismo. No había lugares para tocar en invierno. Nadie te pagaba un duro por ir a tocar a su bar. Asi que fui, y le dije a un amigo que tenía un bar: “Yo vengo cada quince días a tocar a tu bar, gratis, con la única condición de que me vayas a buscar en tu camioneta, carguemos los equipos, y al terminar, me llevas otra vez. No cobraremos entrada, asi que gente va a venir seguro, y vos vas a vender muchas cervezas. Además, yo me ocupo de la publicidad…”

Otra vez, me dijo que sí, obviamente. ¿Y que hice yo? Bueno, como trabajaba en la radio, y vendía publicidad, y además hacía una revista cultural, para la cual, tambien vendía publicidad, hacía carteles con avisos publicitarios, y salía a venderlos por allí. Luego, el día del concierto, viniese gente o no, lloviera, diluviase o hiciera mucho frío, yo ya tenía mi paga por tocar, con el dinero de los avisos. Además, claro está, vendía casettes con mis canciones en los conciertos. Que todo suma. Allí fue cuando el “Tano” Gianfranco Pagliaro, un cantante muy conocido en Argentina y en algunos países de latinoamerica, me dijo un día que vino a uno de esos shows:

“Vos, Mario, te preparas el guiso, lo difundes y te lo comes solito…” Allí fue tambien, donde un día, despues de haberle regalado un ejemplar de la revista que hacía, “Arte Geselino”, recibí una carta de Eduardo Gudiño Kieffer, escritor y periodista, ya fallecido, a quien siempre recuerdo con mucho cariño: “Me gustó mucho tu revista, Mario. Es amena y entretenida. Y además, veo con agrado que sos un soñador, pero no sos un boludo: tienes un montón de publicidad, y eso debe dejarte dinero, que no es que sea lo primordial, pero es necesario…”

Así las cosas, recordad: “Siempre debes tener en claro para que vas a hacer algo, que pretendes conseguir con eso”. Ese es un concepto elemental para empezar a producir: saber adónde quieres llevar el barco, antes de zarpar.

La seguimos.

 

© Mario Ojeda, Granada, 28/7/2010

Produciendo parte 7

Produciendo parte 7

 

Decía siempre mi viejo que hay cosas que, cuando pasan, son irreversibles, y que no vale la pena tratar de cambiarlas porque, sencillamente, no se van a modificar. Lo que pasó, pasó, digamos.

Y esto ocurre en todos los órdenes de la vida. De nada sirve llorar sobre la leche derramada. Criado en ese convencimiento (y racionalidad), no suelen asaltarme dudas del tipo “si hubiera hecho tal cosa, quizás…  No. Quizás nada. Y no porque hice otras, asi que, ¿para que gastar energía y tiempo pensando en “lo que podría haber ocurrido si…”

Viene esto a colación, en primera instancia, por una charla telefónica que tuve con mi hija hace unos días. Ella me decía: “No quiero un trabajo normal. Quiero un trabajo de medio día, que me deje las tardes libres para ensayar…” “Claro, Marian…”, le respondí. “Y yo quiero ganar la lotería, para producir en serio. El problema es que no juego nunca. Entonces, si ya de por sí, aspirar a ganar la lotería es una posibilidad en diez millones, si encima no juego, menos posibilidades tengo…” Lo que quiero decir, concretamente, es que a nadie le gusta trabajar. De hecho, si el trabajo fuera algo lindo de hacer, no te pagarían por hacerlo. Pero el secreto está en tratar, al menos, de trabajar en lo que a uno le gusta, con lo cual, sencillamente, deja de ser un trabajo. Aunque te sigan pagando por hacerlo.

Y porque, trabajando, tenes de que vivir. Así de sencillo. Llevo ya 30 años en la música, o mejor dicho, treinta años tratando de profesionalizarme con la música, y vivir exclusivamente de ello. Y aún lo consigo, aunque me divierta muchísimo. Al fin de cuentas, los que logran vivir exclusivamente de la música, son algunos afortunados a quienes, más o menos, les tocó la lotería. Y no siempre les queda dinero para ello.

Como cantaba Moris en “De nada sirve”, he conocido a lo largo de todos estos años un montón de gente que “ha sido famosa, ha vendido 30.000 discos, ha firmado autógrafos…”, y hoy vive de manejar un taxi, o tiene una verdulería. Y no es que esto este mal: siempre es mejor trabajar que robar, que esto deberían saberlo nuestros políticos. Pero, precisamente, quienes dicen “vivir” de la música, son, en su mayoría, empleados municipales o afortunados herederos de alguna fortuna familiar, que han podido independizarse, poner un negocio y tener empleados que trabajen por ellos, con lo cual, tienen tiempo para dedicarse a la música. O, como decía, son empleados municipales, funcionarios, como les llaman en España, que trabajan de 8 a 15, de lunes a viernes, disfrutando los fines de semana libres, mas feriados, festivos, aguinaldos, vacaciones y demás, y tienen las tardes libres para ensayar y trabajar en y con la música. Pero no viven de ella, por más que te lo cuenten así. O “tienen una mujer a sueldo”, como recomendaba Javier Krahe a cualquier músico o aspirante a serlo, “para la epoca de vacas flojas…”, en sus propias palabras. Que, en el caso de un músico, ¡es el 99 por ciento del tiempo!

Ojo, no los estoy criticando. Esto pretende ser un análisis racional, nada más.

Ocurre lo mismo con los músicos que uno va conociendo por el camino. Algunos son mas conocidos, otros menos. Pero nadie, ninguno, “never in the fucking life”, viene a decirte “che, ¿tienes para pagar el alquiler? ¿Quieres que te preste dinero? ¿Tienes para comprarle leche o pañales a tus hijos?...” No, ninguno. Quizás puedan invitarte a compartir “sus quince minutos de gloria”, invitándote a cantar un par de canciones en algún concierto. Gratis, claro. Que bastante que te invitan. ¡Pero los que cobran son ellos!

Y esto no debería sorprendernos. Por eso no me caen nada bien esas reuniones de supuesta camadería entre “viejos compañeros de curso”. O esas reuniones por “los 25 años de la promoción tal de tal colegio…” En 25 años no fueron capaces de escribirte una puta carta o un miserable mail, y despues andan “emocionados e ilusionados” por reencontrase con sus viejos compañeros. No. Con quienes uno tenía onda, digamos, suele estar conectado. Yo mismo, por poner un ejemplo, sigo visitando y carteándome, o maileándome (acabo de inventarme los verbos), o encontrándome a comer con viejos amigos. Algunos de ellos, ¡viejos compañeros desde la escuela primaria! Pero son contados con los dedos: son las excepciones que confirman la regla, digamos. Y digámoslo claramente de una vez: si uno no suele mantener contacto con gente con la cual compartiste 5 o 6 años de los años mas importantes –en lo formativo- de tu vida, ¿Por qué catzo iban a darte bola tipos –músicos o no-, que fuiste conociendo a lo largo de tu andadura en este circo?

“Cada uno se rasca donde le pica”, digamos, y esto lo aprendí de muy joven. Entonces, volviendo al tema que nos compete, la sola posibilidad de encontrar camadería real con pares músicos, ya es una idea bastante improbable. Demasiado ego, diríamos. Ya eso es un impedimento para confraternizar de verdad. Y no está mal ni bien: así son las cosas. Irreversibles, digamos. Lo cual no implica que uno no pueda intentar hacerlo. O que a veces, incluso, logre tener una comunicación de amistad real y sincera con gente que está en tu mismo oficio. Si eso ocure, ¡bendito seas! Te has sabido rodear de buena gente.

Años atrás, recuerdo decirle a un compañero en Los Trovamundos, mi grupo actual, por citar un ejemplo, que muchas de las discusiones y cruces de acusaciones mutuas entre colegas cantautores, acá en Granada, se debía básicamente a dos cosas: la juventud –por no decir la inmadurez- de algunos de ellos, por un lado, y, por otro, porque no había muchos lugares donde tocar. “Si en vez de haber dos bares en Granada donde tocar, hubiera 15 o 20, no habría ningún problema. Todos tocarían en todos lados todos cobrarían mas o menso lo mismo, y todos estarían contentos por igual…” Pero, se sabe, las cosas no son así. Ni acá, ni en la Argentina, ni en ningún lado. Dicen que en los USA sí, cosa bastante lógica en un país de 300 millones de habitantes, unidos por los mismos lazos culturales, el mismo idioma, con poder adquisitivo, y vocación de consumo. Dicen, porque yo no conozco Estados Unidos, y ya estoy mayor para intentar irme a vivir allí. Así las cosas, uno debe bailar con la que le toca.

Hablar (y cantar), sobre las cosas que a uno le queman. “Si no hablo de mí, ¿de quien voy a hablar?...”, como decía alguna vez Javier Martínez, el legendario baterista de Manal. “Pintar tu aldea”, digamos. Porque eso es lo que tienes a mano, no hay otra. “Hacerlo lo mejor posible con lo que tienes”, como decía alguna vez B.B. King.

Y si tienes que trabajar de otra cosa y dormir poco para mantener el sueño vivo, tendrás que hacerlo así, amigo, que no hay otra.

Hasta la próxima vez.

 

© Mario Ojeda, Granada, 5/8/2010